"Tienes razón, Tengo a mi Hombre pero Te quiero a ti.
Estarás pensando en esto todos los días."
"Conozco a tu hombre, No te está controlando, Aún dudas. Lo pondré dentro de ti y Entonces me pertenecerás."
"You Right" by Doja Cat.
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La Puerta de la oficina se abrió y cerró en un abrir de ojos, una presencia habitaba el lugar y Silco podía sentir fácilmente el nuevo drama que se venía. Giró su silla quedando frente a la mujer que lo esperaba, dejó caer algunas hojas sobre su escritorio y no se movió desu silla, solo observó a la mujer con cabello rubio frente a él.
—Esa mujer. No es para ti.—Habló primero la Rubia.
—¿Me vas a venir a decir tú qué clase de mujer es para mí?.—Preguntó Silco.
—Qué Lastima por ella, no está a mi nivel.—
—Tú nivel es tan BAJO que te sientes insegura por su belleza.— Silco resopló ante su comentario pero era demasiado listo para contestar.
La Rubia comenzó a dar vueltas por la oficina, buscando una manera de contestar a lo que Silco le había dicho. Aquel comentario le hirió el ego como una cubeta de hielo caer por su cuerpo. Mientras que Silco comenzaba a marearse por la presencia de quien antes fue su mujer, tan solo ver a su ex esposa después de 6 años sin saber nada de ella. La notó cambiada, se notaba que seguía siendo la misma mujer arrogante, pero ahora con un toque de humor. Era lo único bueno en ella.
—Dime, Silco. ¿Lo dices porqué es más joven que yo?.— Marie preguntó.
—Lo digo porque es inteligente y tiene el cerebro que a ti te falta, Marie. No me vengas con preguntas tontas porque no estás aquí para eso.—Contestó Silco.
Marie tomó asiento de una vez por todas, sentándose en una de las sillas frente a Silco y subiendo sus piernas sobre el escritorio. Al líder de Zaun le molestaba que invadieran de esa forma su lugar de trabajo pero se mantuvo callado esta vez.
—Esa mujer puede arruinarte y tu no lo quieres ver. Tú sabes que yo siempre vi por nuestro beneficio.—
—Oh querrás decir TU beneficio. Estaría orgulloso de que una mujer como ella me arruinara, pero por ahora le daré todo lo que merece.— Contestó Silco.
—¿No es suficiente tener a todas las mujeres de Zaun para ti? y qué ¿ahora buscas a las de arriba?.—
—Ella vino a mí.—
—Entonces no es muy inteligente que digamos.—
Silco río un poco, aunque para decir la verdad, la Piltilla era bastante inteligente en encontrarse una manera fácil de mantenerse en los suburbios por capricho propio. Simplemente el líder vio la oportunidad de sacarla de su infeliz vida y hacerla suya.