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Había pasado un largo tiempo en el que Shidou había decidido olvidarse por completo de Sae. Un año en el que pasó la Navidad triste, dos años en el que pasó San Valentín soltero, y otros tres años en el que Sae ya no pertenecía a su lado. Por supuesto, fue difícil, pero poco a poco con ayuda de su ex novio logró darse cuenta de que el pelirrojo no era la única persona en el mundo.

Pero lamentablemente por algo es su ex, porque no lo supo valorar y por enésima vez recayó en aquél círculo vicioso en donde buscaba la manera de stalkearlo por redes sociales desde cuentas anónimas. Se volvió un adicto a estarlo viendo a cada minuto del día hasta que se percató por si mismo de su obsesión y finalmente optó por bloquearlo.

Y fue la manera en la que se relajó, sin saber que existía, sin acordarse de lo que alguna vez sintió por él. Fueron meses en los que recuperó un poco de su felicidad, tanto que incluso pensó en intentarlo con otra persona, asegurándose de que ofrecería el cien por ciento en su relación.

De esta manera, una tarde en diciembre su mejor amigo se atrevió a dar el siguiente paso y lo besó, fue extraño la sensación y sin embargo, le gustó. Así que ambos se estaban conociendo "románticamente" para saber sí podrían llegar a formalizar o lo mejor sería regresar a ser amigos antes de que acaben con su amistad.

Por lo tanto, Charles sugirió un viaje a su país, para pasar tiempo juntos y en esos días elegir la opción que será definitiva para los dos.

—¡Mira Ryu! ¡Ahí está mi pastelería favorita! ¡Ven, tienes que probarlos! — lo sujetó de la mano y sin esperar respuesta lo arrastró adentro del local. — Este de aquí se llama mille-feuille y es súper delicioso.

El moreno observó el postre a través del cristal y luego a su pareja, el rubio mantenía sus ojos fijos en los pasteles que la tienda ofrecía y rápidamente pidió uno de sus favoritos. Shidou sonrió con algo de diversión, cada vez que el francés se emocionaba dejaba escapar alguna expresión que al contrario le encantaba monopolizar. Quizá ya era demasiado esperar y debía confesarse pronto.

O tal vez no.

— Buenos días, ¿ya está listo mi pedido? — se escuchó una voz que reconoció inmediatamente.

No quiso voltear, no quiso siquiera confirmarlo y agarró a Charles del brazo, apretando fuertemente y transmitiéndole al menor su nerviosismo.

—Vámonos. — dijo Ryusei sonando más como un imploro.

Charles asintió.

— ¿A nombre de quién?

— Itoshi Sae.

Oír su nombre provocó que su corazón le diera un vuelco tan violento que casi le dolió. Su visión se nubló por un instante, como si el suelo se hubiese abierto bajo sus pies, dejándolo caer en un abismo de emociones que pensó haber dejado atrás.

Se atrevió a levantar sus ojos y oh mierda, se arrepintió tan pronto lo vió. Fue como contemplar un incendio que consume un bosque en calma: devastador y doloroso, imposible de ignorar. Todo lo que había construido para seguir adelante ahora ardía en llamas frente a él.

— Shidou... — pronunció el pelirrojo, igual de sorprendido, al conectar sus orbes turquesa con los rosados del más alto. — ¡Espera!

El moreno escapó de aquella tienda, acompañado del francés que intentaba seguirle con cada paso rápido que hacía. Su pecho se oprimía y las punzadas no paraban de arremeter, giró en una esquina con la idea de perderse entre la gente y cuando sintió un jalón en su muñeca pensó que era Charles, deteniéndose en automático y volteando su rostro para ver que... no era él.

Mensajes | Ryusae.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora