Abrió los ojos, deslumbrada por la cercanía de su figura. Las vendas que antes aprisionaban su rostro y boca habían desaparecido, pero sus manos y pies seguían inmovilizados. Un susurro escapó de sus labios:
— ¿Estoy soñando?
— No, damisela Blackthorn -respondí incorporándome con cierta incomodidad-
Confusa, giró su mirada por la celda, luego hacia mí. Sus ojos, antes llenos de miedo, ahora reflejaban un odio intenso al contemplar sus ataduras.
— Solo quería asegurarme de que estuviera bien. Me informaron que la habían trasladado y que se encontraba inconsciente -agregue-
— No lo estaba -replicó con vehemencia-. Mi cuerpo protesta ante esta inmovilización, estas vendas que me ciegan y me amordazan. ¿Acaso me consideran un animal?
— Sí -asintió mi padre, el rey, apareciendo en la entrada de la celda.
— Padre -lo llamé, acercándome a él.
— Quizás no un animal, sino un demonio -añadió el rey, su voz resonando con frialdad.
Tn
Al oír tan blasfema palabra, mi mirada se clavó en él. Un hechizo de muerte pugnaba por salir de mis labios, pero mi inexperiencia lo contenía.
— Padre -susurró Jimin, acercándose y clavando sus ojos en los suyos-. ¿Desde cuándo estás aquí?
— Hace escasos instantes -respondió, girando su mirada hacia mí-. Deseaba conocer a la cabeza de esta sucia congregación de brujas.
— ¡pare de hablar así! -exclamé, las lágrimas brotando de mis ojos — ¡No soy la cabeza de nada!
— Pero admite ser una bruja -afirmó el rey, su voz resonando como un trueno.
Jimin me miró, suspirando con pesar.
— ¡Oh, qué alegría me causa tu presencia! -exclamó el rey, su rostro iluminado por una sonrisa maligna mientras posaba su mano sobre el hombro de su hijo Jimin-. Tengo a varias de tus hermanas brujas cautivas, y el pueblo se siente liberado.
Intenté reprimir las lágrimas que pugnaban por salir, apartando la mirada. Pero en ese instante, sentí una mano áspera que me obligaba a mirarlo a los ojos. Era el rey, y en su mirada se cernía una oscuridad profunda y un odio visceral.
— Creo que si Lumina supiera la verdadera naturaleza de su rey, sentiría más temor hacia ti que hacia nosotras, las brujas -musité, mi voz apenas un susurro.
El rey estalló en una carcajada estridente y se alejó de mí, murmurando algo al oído de Jimin. Luego, se volvió hacia mí y Jimin me observó con una expresión enigmática.
— Mañana comenzarán las pruebas y las investigaciones. Te examinarán médicos e investigadores que conocen a fondo la historia de las brujas. Quizás salgas beneficiada de todo esto, tn.
— ¡No me digas nada! -exclamé con vehemencia-. ¡Ni tú, ni tu familia, ni la corte real saben nada ¡Nadie conoce la verdad! Ni siquiera yo.
— Así sea -respondió el rey-. Ven, hijo mío, mañana volveremos a ver a Blackthorn.
Un guardia se aproximó a mí y, cubriendo mi rostro con un paño, me sumió en la más absoluta oscuridad. La ansiedad me oprimía el pecho, y el deseo de dormir se apoderaba de mí.
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El príncipe y la Bruja- 1600
De TodoEn el reino de Lúmina, donde las montañas se besan con el cielo y el mar susurra secretos al viento, el joven príncipe Jimin carga con el peso de ser el heredero al trono. Noble, valiente y amado por su pueblo, pero con el corazón inquieto, Jimin si...