Cap EXTRA 2: La responsabilidad del delegado.

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Frío, desesperanzador, tenso, agónico y silencioso eran algunas palabras que se podían usar para describir uno de los complejos militares más secretos del mundo.

Los helados pasillos eran difíciles de recorrer, no solo por el frío en sí, sino también por el pesado aire que se podía casi palpar debido a los varios metros bajo tierra en donde se encontraban las celdas. Dos guardias se encontraban cargando a regañadientes a un prisionero, de no ser por los abrigos que daban ningún prisionero hubiera aguantado la temperatura del lugar.

Llegaron hasta una celda pequeña separada de las demás por muros, uno de los guardias soltó al prisionero y se acercó a las rejas para abrirla y al hacerlo el otro guardia aventó con agresividad al prisionero adentro, burlándose en un idioma que el encarcelado no reconocía. Pronto los guardias se fueron. 

El prisionero se levantó del suelo helado de la celda y se acercó poco a poco a la pared del fondo, en dónde había una litera sostenida a la pared por dos cadenas, muy sencilla para acostarse. Una vez ahí saco una pequeña piedra que tenía y marcó una línea más para contar los días que llevaba en la prisión, y ciertamente ya habían varias líneas marcadas en la pared.

- ... - guardo silencio mientras miraba la pared, con su mano derecha saco del interior de su abrigo unos lentes bastante rotos y desgastados.

Se quedó mirando durante un buen rato los lentes, hasta que dio un profundo suspiro.

- Que tontería... ¿Y me planeo llamar héroe...? - el ex-delegado de la clase 1-A arrojo sus lentes lejos de él, sentía bastante impotencia de no poder hacer nada en esa situación.

El peliazul estaba cansado de todo, le había crecido el bello facial debido a que no se había podido rasurar nunca, sus ojos tenían bastantes ojeras y se notaban agotados, de igual manera su cabello había crecido un poco y estaba bastante desarreglado. Su abrigo gris estaba sucio al igual que los pantalones negros y su camisa del mismo color.

Iida se quedo acostado de lado mirando la pared que estaba repleta de líneas representando días, no sabia si todas las había hecho él mismo u algunas las habían hecho otros prisioneros, se replanteaba todas las decisiones que había hecho para llegar hasta el punto en donde estaba, y ciertamente se le dificultaba recordar todo lo que hizo. Llego a dudar de su propia identidad y realidad, no sabia ya que valía la pena y que no. 

Mientras pensaba en sus adentros, una de las cadenas que sostenía la litera a la pared se rompió, haciendo que Iida se cayera al suelo y se pegará en la cabeza.

Iida: ¡M-Mierda! - se sentó en el suelo y se sobó la cabeza para intentar disminuir el dolor. Sentía que todo alrededor temblaba y le daba vueltas por el golpe.

Después de unos minutos se levantó del suelo, mirando la rota litera. Ahora solo uno de los lados estaba unido a la pared por lo que ya no le serviría para acostarse.

Iida: Genial... Me tocó dormir en el piso otra vez...

Después de decir eso, el peliazul sintió de nuevo temblores, sin embargo está vez no se había golpeado la cabeza y juraba que no era su imaginación.

Pronto se dio cuenta que estaba en lo cierto pues a parte del polvo que caía en el techo por esos temblores los demás prisioneros empezaban a entrar un poco en pánico.

Los guardias que estaban vigilando los pasillos de esa zona notaron también esto, por lo que se comunicaron mediante radios con sus superiores. De un momento a otro estos se fueron, dejando solos a los prisioneros. Iida no sabía que pasaba, pero al ver que los guardias se iban presurosos pudo saber que estaba pasando algo más que un simple temblor.

¡El problema de Izuku!Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora