Rick

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One Shot

Nuestra llegada a Alexandria no había sido fácil, para algunos fue reconfortante tener un lugar donde dormir sin tener que estar alerta.
Me incluyo en ese grupo, sin embargo, aún no podía lidiar con la marea de emociones que me inunda.

Algunas veces logro sentirme segura, en otras ocasiones no logro calmar mi mente.

Mi cerebro me hace una mala jugada, haciéndome pensar que en cualquier momento estoy se puede desvanecer, o que nada de esto es real.

Pero no todo es malo, llevaba aquí dos días y había conocido mucha gente.
Fue grato poder hablar con más personas aparte del grupo.

Mire a lo lejos al hombre que me roba el sueño por las noches.

Rick estaba en el porche de la casa caminando con Judith de un lado a otro, la pequeña cabecea indicando estar apunto de dormir.

Me acerque sonriente al hombre. Nos habíamos conocido poco después de que llegaran a la prisión.

Habíamos estrechado lazos durante una noche donde tuve guardia y el no podía dormir.

— Hola — saludé de forma animada al hombre frente a mi.

Sonrió dándome un asentimiento como saludo. Me acerque un poco después de fijarme que estuviéramos solos, hasta finalmente tocar sus labios.

Fue un roce rápido esperando que nadie pasará por allí.

Realmente no habíamos cruzado muchas palabras desde que llegamos a la comunidad, pero seguía aquella emoción por sentirlo cerca de mi.

Sentía mi pecho acalorado, como si algo creciera dentro de mi.

Cruzamos un par de palabras, antes de que se perdiera un poco el hilo de la conversación.

Mire hacia la dirección donde su mirada se dirige. Jessie, la esposa del doctor de Alexandria pasaba por allí alzando su mano en forma de saludo.

(...)

Era pasada de media noche cuando el sueño abandonó mi cuerpo.

Me levanté con pesades sintiendo mi boca totalmente seca
Salí de mi habitación procurando no hacer ruido, pase por su cuarto con inmensas ganas de adentrarme en el a buscarlo, pero me contuve.

Baje de forma sigilosa, Daryl dormía profundamente en el sofá, mire como su cuerpo estaba destapado. De forma suave camine hacia él y tome una pequeña colcha para arroparlo.

Me dirigí a la cocina, saltando del susto ante el hombre sentado cerca de la isla.

Se giro para mirarme haciendo una seña.

Estando frente a él, tomo mis caderas acercándome.

Acaricio mi cuello, empujándome delicadamente hacia su cuerpo. Bese sus labios de forma dulce tomando sus hombros.

Su mano se instaló en mi espalda baja presionandome contra su cuerpo, me separe soltando un suspiro.

Se levantó de la silla sin soltarme, acaricie si cuerpo, pasando mis manos desde su nuca hasta sus hombros, atreviendome a bajar en un roce suave hasta sus caderas.

Exhaló fuertemente volviendo a besarme de manera ruda.

Bajo sus manos hacia mis glúteos apretandolos a su antojo, y disfruto cuánto pudo antes de hacer presión incitandome a saltar.

Negué separándome, me miró confundido.

— ¿No quieres? — Pregunto con la voz agitada y sus labios hinchados.

Volví a negar a la par que tomaba su mano.

Lo guíe a mi habitación, después de todo, yo no compartía cuarto con nadie.

Lo obligue a retroceder hasta que se sentará en la cama, me subí sobre él colocando mis piernas a cada lado del Sheriff.

Nos besamos mientras quitamos las capas de ropa, su cuerpo me hipnotizaba, la forma delicada de sus músculos, y a pesar de todo la ternura de su piel.

Cuando la ropa no estorbaba de ninguna forma, tome su miembro, nosotros ya teníamos un método acordado.

Lo acerque a mi entrada, rozando el glande de arriba a abajo, impregnandolo de mi humedad.

Baje mis caderas poco a poco, disfrutando del roce en cada momento.

Apreté sus hombros mientras sus manos me invitaba a bajar más, al llegar a la base, moví mis caderas en círculos.

Cada parte de él, latía dentro de mi, sentía cada movimiento, cada temblor.

Di pequeños besos en sus labios.

En sus ojos se veía un anhelo que hasta ese momento era desconocido, nunca me había mirado así.

Sin embargo, me encanta.

Moví mi cuerpo con más frenetismo, me sentía completa, amada.

— Me encantas... — Lo soltó seguido de un jadeo, acaricio mis curvas. Desde mis caderas hasta mis pechos pequeños.

El glande golpeaba de forma insistente en un punto que me hacía querer tenerlo siempre así.

Gemi débil, las entrañas se me revolvieron, mi vientre se tenso, sentía que podía alcanzar en cielo con las manos.

Parecía que Rick también, levantaba las caderas con insistencia mientras se aferraba a mis costados.

— Me vuelves loco, Jessie — En aquel momento no caí en cuenta, las sensaciones me cegaron.

Sin embargo, pasados unos segundos, mi estúpido cerebro pareció reaccionar, el creciente orgasmo se pasmo en mi interior a la par que parecía tener hierro en la venas.

Me solté de sus cuerpo alejándome lo más posible.

Rick me miró embrutecido por los acontecimientos, parecía no entender la situación, desorientado.

— ¿Qué mierda te pasa, Grimes? — La voz me expuso, salió débil, adolorida, quebrada.

Tome mi ropa intentando vestirme lo más rápido posible.

Rick se levantó intentando acercarse a mi, levanté mis manos señalandolo furiosa.

— No me toques con tus sucias manos — Retrocediendo aún en ropa interior, me niego a que me toque después de hacerme el amor pensando en otra.

— Yo... — Intentaba encontrar las palabras, pero su lengua se enredaba, soltando una maraña de palabras sin sentido.

— Yo lo siento, fue una confusión del moment-

— ¡Cállate! — Grite sin importar si despertaba a los demás.

Las lágrimas hacían picar mi vista, así que le di la espalda entrando al baño para después gritarle que se largara de mi habitación.

Pasos resonaron fuera, estuve unos minutos sentada en el retrete con nauseas y asco hacia él, pero sobre todo, hacia mi misma.

Sentía el cuerpo pesado, había llorado durante unos minutos, pero logré calmarme convenciendome que no valía la pena ahogarme por alguien así.

Salí del baño viendo que estaba totalmente sola. Trave la puerta, viendo la cama donde se supone que debía tener un buen momento.

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⏰ Última actualización: Jan 19 ⏰

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