40. Memories

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"Te prometo que el final siempre será el mismo..."

Y entonces lo supe, no quería esto.

No así y no de esta forma, porque para lograrlo había tenido que dejarme atrás y no era justo para mí, no era justo para los dos forzar algo que no estaba destino a funcionar. La calma que sentía al principio no era plenitud, era resignación disfrazada.

— ¿Qué? — pregunta frunciendo el ceño para alejar su cara levemente y verme mejor. — ¿Por qué?

— Porque todo este tiempo estuve fingiendo. — respondo con calma para separarme de él y cruzarme de brazos. — ¿De verdad creíste que te iba a perdonar después de todo lo que me hiciste?

— Yo no entiendo.

— Te mentí, jugué contigo como tú lo hiciste conmigo. — aclaro de manera seria cuando en sus ojos solo veo como se siente traicionado. — Quería que te sintieras como yo me sentí, quería pagarte con la misma moneda.

Todo ese tiempo, creí que la venganza me daría paz, que cuando al fin lo viera caer, cuando su rostro se torciera en confusión o dolor, cuando su mundo se derrumbara como lo hizo el mío... algo dentro de mí se acomodaría.

Que el vacío se llenaría, que el dolor se disolvería.

Y en parte, lo logré... lo destruí.

Con cada palabra afilada, con cada acción planeada al detalle, lo hice pedazos. Me miró como yo lo miré una vez: roto, traicionado, solo. Y en ese instante... no sentí nada, no sentí satisfacción, alivio, absolutamente nada.

Solo... silencio.

Un silencio hueco y sordo que no se parecía en nada al triunfo, pensé que iba a sonreír pero no podía porque esto tampoco me satisfacía, no me hacía feliz ni me traía paz como alguna vez lo pensé. La imagen de su martirio no me dio fuerzas; me drenó, es decir, me dejó más vacía de lo que estaba antes. Como si al vengarme, me hubiera arrancado la última parte de mí que quedaba intacta.

Su derrota no curó mis heridas, solo añadió otras.

Me di cuenta, demasiado tarde, de que lo único que me mantenía de pie era el deseo de vengarme y al cumplirlo... me caí. No por su culpa esta vez, sino por la mía.

No gané nada. No recobré lo que perdí. Solo me convertí en lo que odiaba.

Habíamos jugado con fuego y nuestro amor se terminó quemando hasta terminar en cenizas, y en eso nos habíamos convertido... en el polvo de nuestras malas decisiones.

Y ahora, en este silencio que ya no se puede llenar con gritos ni con fuego, solo queda una verdad amarga: la venganza no me dio justicia, me dio otra forma de condena.

Y solo podía decir ante aquello, que el karma SIEMPRE vuelve, SIEMPRE.

Y solo podía decir ante aquello, que el karma SIEMPRE vuelve, SIEMPRE

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Say Don't Go | CLHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora