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Alex.

No puedo hacerlo.

Las lágrimas mojan mis mejillas sin poder detenerlas. No puedo respirar, siento que estoy ahogándome en mi tristeza. Muerdo mi labio inferior para contener mis sollozos, todos duermen y pese a que estoy en mi habitación sé que no podré pegar un ojo. No con sus recuerdos en mi mente, no cuando sus ojos no me dejan.

¿Qué haré ahora?

La puerta de mi habitación se abre despacio, contengo la respiración para no alarmar a la persona del otro lado.

James se adentra, la oscuridad casi no me deja distinguirlo. No dice ni una sola palabra, sólo se sienta a mi lado y me abraza con fuerza. Mi respiración se acelera por contener el llanto que trepa por mi garganta.

-Déjalo salir, pequeña- su voz es suave- Estoy aquí, nada saldrá de aquí. No tienes que ser fuerte siempre.

Un recuerdo atraviesa mi cabeza en una ráfaga.

La ira bulle dentro de mi, puedo sentirla burbujear bajo mi piel. El cosquilleo en mi nuca me hace sacudirla seguido intentando que desaparezca, ese que siempre aparece en mis ataques de ira.

-Joder- gruño, el dolor de cabeza me azota con fuerza.

Me parece oír la puerta abrirse pero mis oídos zumban así que no puedo asegurarlo.

Marco me hizo perder el control, me orilló a que mis demonios internos me consumieran. Mis manos arden, al igual que mis piernas y frente, por las heridas del entrenamiento. Sus gritos hacen eco en mi cabeza, no me ayuda a calmarme, no me ayuda a volver a tomar el control de mis emociones…

Sólo lo empeora.

Unos brazos me rodean pese a mis músculos rígidos, pese a la tensión de mi cuerpo que incluso sería doloroso si pudiera sentir algo más que ira en este momento.

-Estás bien- murmura sin soltarme, con voz baja y calma.

-Suéltame- gruño forzándome a sonar firme.

No debo mostrar debilidad, no soy débil, nadie tiene que verme…

-Nadie está aquí, sólo yo. Estoy aquí- James se mantiene firme, sin soltarme- Nadie lo sabrá, sigues siendo fuerte.

Me cuesta desistir pero son las palabras que necesito, le devuelvo el abrazo pese a que mi cuerpo tiembla por la furia que corre por mis venas. Quiero detener el temblor en mis manos pero no puedo, quiero calmarme pero no lo logro…

-Marco se equivoca- dice totalmente en desacuerdo- Esto es un asco, no puede hacerte esto.

-Estaré bien- murmuro sintiendo sus latidos bajo mi oído, su altura hace que mi cabeza quede sobre su pecho.

Me concentro en su ritmo cardíaco para serenarme.

-Si, lo estarás- me asegura, me aleja lo suficiente como para poder tomar mi rostro entre sus manos y mirarme a los ojos- Porque tienes un lugar seguro, tienes un hogar al que aferrarte. Nosotros, nos tienes siempre.

Se quedó conmigo todo el tiempo, me ayudó a sacar toda mi ira interior luchando en el ring del gimnasio. James siempre se mantenía a mi lado, siempre supo como hacerlo. Tal vez no lograba calmarme como Lucca, pero siempre hacía que no me sintiera sola, siempre lograba calmarme haciéndome sentir en casa.

-Llora, cariño- acaricia mi cabello mientras me aferro a él- De mi boca no saldrá ni una sola palabra.

Nunca ha divulgado mi debilidad, siempre muere entre nosotros y jamás se vuelve a hablar del asunto. Así que lloro en su pecho, dejo mi dolor entre sus brazos mientras me acaricia el cabello.

Contrarreloj [En Edición]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora