Alex.
Rusia.
6:00 am.
Aterrizo y, como esperaba, Dimitri me recibe en la pista. Volvió hace unos días para acondicionar todo antes de mi llegada y reforzar la seguridad del lugar. Se mantiene firme y con la seriedad que siempre lo caracteriza, con las manos tras la espalda, su expresión impasible y esa cicatriz que cruza su ceja le da un aire aún más intimidante.
-Jefa- saluda con una leve inclinación, haciendo una señal a los hombres bajo su mando, quienes de inmediato se encargan de mi equipaje.
-Dimitri- respondo con un leve gesto.
-Es un honor tenerla de vuelta- dice mientras camina a mi lado hacia una de las camionetas negras que nos esperan.
-Haces un buen trabajo- comento al subir cuando me abre la puerta- Tu zona es de las mejores. Sigue así.
-Lo haré, jefa- asiente con firmeza.
El frío me recibe como un viejo conocido. En este país aprendí a convivir con él, a resistirlo. Mientras atravesamos la ciudad rumbo a la base militar en la que pasé toda mi estadía aquí cuando era una niña, los recuerdos me golpean como ráfagas de viento helado.
La sangre corre por mi frente, pero sigo peleando. Mis nudillos abiertos manchan de rojo a mi contrincante, un soldado corpulento que apenas reacciona a mis golpes.
-¿Eso es todo lo que puedes dar?- grita el sargento cerca de mi oído.
Aprieto los dientes. Me cuesta respirar y mi cuerpo está al límite pero no pienso rendirme pese a que no obedece las órdenes de mi cerebro.
Un golpe certero en la sien me derriba. Todo se vuelve silencio.
El zumbido en mis oídos no se detiene. Mis pulsaciones laten fuerte contra mis tímpanos.
Es la primera vez que me botan desde que estoy aquí, y ha pasado tanto que he perdido la cuenta de los días.
-¡Levántate, soldado!- escucho entre la bruma de mi mente al sargento, pero no lo hago, espero con una cuenta regresiva en mi cabeza.
Uno... dos... tres.
Me incorporo de golpe y lanzo un puñetazo directo a la mandíbula del soldado. Cae al suelo, inconsciente.
"Nunca descuides a tu rival, Alexa. Mantente alerta. Aprovecha cada segundo."
Puedo oír la voz de mi padre, citando las reglas con las que moldea mi vida.
Nadie volvió a subestimarme después de eso.
Los combates no pararon, siempre contra hombres mayores, más altos, más fuertes, más entrenados. Aun así, ganaba. Siempre ganaba. Aunque el costo me quitara el sueño...
El descanso aquí nunca era completo. Pero últimamente la situación había empeorado para mi haciendo que definitivamente ya no pueda dormir, al menos no tranquilamente.
"Duerme con un ojo abierto, Alexa. El enemigo no duerme."
El frío era intimidante para muchas personas, incluso acostumbradas a él, así que pasaba horas fuera para hacerlo parte de mí, para no dejar que se convirtiera en debilidad e intentar hacerme inmune a él.
Si, el frío dolía, pero lo ignoraba.
Mi cuerpo temblaba y mis extremidades lo resentían, sí, pero me obligaba a resistir, intentando que me afecte lo menos posible.
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Contrarreloj [En Edición]
DiversosAlex es sinónimo de peligro. ¿Su vida? Una carrera contrarreloj contra la propia muerte. Ella es la reina y pondrá a sus pies a quien se lo proponga. Así tenga que poner el mundo a arder. Carreras contrarreloj con la vida. Victorias por montones. ¿P...
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