132.

149 11 3
                                        

Alex.

Con D'angelo fuera por el momento parecía que no había de qué preocuparse, hasta que la situación en esos laboratorios clandestinos tuvo su repercusión. Uno de los miembros más importantes del parlamento se presentó en la base principal de la ESFEA el lunes por la mañana, con la cabeza en alto y miles de reproches. Claro, él era una de las caras que aparecen en los videos de ese día, una de las ratas culpables de lo que le ha pasado a cada niño que ahora trataban su adicción en manos de James.

-No me interesa lo que crean correcto. Nosotros somos quienes mandan en este juego, los que deciden que está bien y que está mal, niña- me mira con una superioridad que me da asco.

Mala idea estando a solas conmigo en descontrol.

-Me importa una mierda- zanjo con prepotencia- Si crees que saldrán ilesos de todo esto están completamente desquiciados.

La misión que teníamos de sacarle información que lo dejara más que expuesto pasa completamente a segundo plano. Casi me olvido del intercomunicador en mi oreja y los micrófonos cercanos que eran parte del plan de hacerlo confesar y hundirlo en la mierda sin ninguna posibilidad de salvarse.

Saca unos papeles con rabia y las tira delante de mí. No los recojo, ni siquiera bajo la mirada a ellos, no me interesa lo que contengan. Sé que son amenazas.

-Los arrestaremos a todos si algo de esto se divulga públicamente- suelta- Entre otras medidas más... invasivas. O... podemos ofrecerles a ti y a tu equipo, inmunidad, pero fuera de Inglaterra.

-No me interesa- niego.

-Entonces no me dejas más opción que ir por el camino más difícil- hace una mueca- Kylian Clark...- hace lo que jamás debió hacer, mencionar a mi hermano.

-Alex, mantente en control- oigo la voz de Nick en mi oído.

-No merece las condiciones en las que vivió toda su vida- hace una mueca de falsa tristeza- Al Estado no le queda más opción que quitárselo a su madre por no poder darle lo que necesita.

El arma en mi cintura pica. La sangre comienza a bombear rápido en mi sistema, haciendo que mi cabeza punce y que las voces en ella se incrementen junto con la oscuridad en mi visión.

-Y como tu padre jamás lo ha reconocido, no puedes hacerte responsable legalmente sin un permiso. Que claramente el Estado no piensa concederte.

Dispara, mata al hijo de puta.

La voz en mi cabeza no es un pensamiento: es un rugido frenético. Mis dedos aprietan el arma, que desenfundo rápidamente, tan fuerte que los nudillos se vuelven blancos.

-Alex, céntrate en mí. No caigas en su juego- la voz de Nick en mi oído se vuelve lejana- ¡Alex, joder! No hagas una locura.

El hombre frente a mí cambia su postura totalmente. Deja su actitud imponente, ahora tiembla, jadea como un animal acorralado. Su piel se perla de sudor y sus ojos están tan abiertos que puedo verme reflejada en ellos. Al verme entiendo su cambio: desquiciada, rota, irreparable.

El terror ajeno siempre tiene un olor: metal, adrenalina y algo ácido. Me llega en oleadas.

Mis demonios lo exigen. Y yo obedezco.

Alzo el arma un poco más, directo a su frente, donde late una vena que pulsa como si ya estuviera diciendo adiós.

-Por favor... por favor, no...- gime.

Su voz me causa risa. Una carcajada corta y vacía, más instinto que emoción.

No eres un monstruo, cielo.

Contrarreloj [En Edición]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora