Final

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Cap. 34


Está claro que sabían que vendría, pero ellos fueron tan estúpidos y cayeron en mi trampa. Nunca hago estupideces sin tener al menos veinte planes.

Gemma, Chiara y mis hermanos ya estaban al tanto de todo. Ellos me ayudaron a distraer a los Jones, a desactivar el rastreador que ellos me pusieron cuando me sedaron y a darles la ubicación de donde me encuentro y buscar un hospital en caso de que tenga unos problemas.

Y por supuesto a que mis madres no se enteren de lo que estoy haciendo.

Camino por la entrada principal, el gran comedor, la sala, la cocina, donde me detengo y tomo un cuchillo afilado. Llego hasta un pasillo con varias puertas y voy abriendo una por una, hasta llegar a la del fondo.

Abro la puerta y ahí está.

Franco Di Vento

Sentado en un sillón y con un arma en la mano, a su lado sus dos hijas. Sus clones mal hechos y sus únicas herederas, ya que a su primogénito lo maté.

Ups.

—McKenzie Wood, la zorra de los Jones.

Sonrió de lado.

—Franco, el hijo de puta pito corto que no soporta que una niña matara a su hijo, sabes que es malo el rencor, hace que envejezcas más rápido.

—Te atreviste a matar a mis hombres y a mi hijo, y eso no te lo perdonaré nunca en tu miserable vida.

—No he rogado por tu perdón, pero tú lo vas a hacer —me acerco a paso lento y el viejo se levanta del sillón aun con las dos pendejas a sus lados—. Sabes, mi padre me enseñó que en la vida siempre tienes que encontrar al idiota, y si no lo encuentras, el idiota eres tú. Cazar o ser cazado, así es la vida, y los idiotas son los primeros en morir. Y los más fuertes sobreviven.

Alzo mi arma.

—Lástima qué hayas sido tan idiota como para caer en mi trampa. —Su cara se desencaja.

—Qué mierda hiciste.

Una sonrisa cínica brota de mis labios.

—No soy idiota, como tú, ni las pendejas mudas de tus hijas, ni como ninguno de tu familia; soy una reina, manejo la mayor organización de sicarios en el mundo y tengo a todas las mafias comiendo de mi mano, ninguna es tan estúpida como para desafiarme.

Suelto el primer disparo a una de sus hijas, entre ceja y ceja.

—No, mi hermana — dice la otra hija, me ve con rabia y deja su arma y saca una navaja y se va acercando a mí—. Vas a arrepentirte de lo que hiciste.

Salgo corriendo. Es divertido jugar con tu presa, que sienta que tenga el control; ella me alcanza y me derriba, pero me libero, y la apuñalo primero, con el cuchillo.

Mi padre creó a una asesina; sabía muy bien de lo que era capaz y sacó todo mi potencial, por eso siempre estuve adelantada un paso. Que me planteara miles de escenarios y escogiera el que más me conviniera.

Volteo y veo a Franco.

—Tan poco hombre eres que dejaste que tus hijas murieran sin defenderte, solo las usaste.

—Eran mujeres, tienen suerte de que las críe yo y no la puta de su madre; ese era su destino, defender a su padre y morir si era necesario.

Niego, este hijo de puta no merece vivir.

Perfectamente Imperfecta    [BORRADOR]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora