NARRADOR.
Los Ángeles tenía un modo particular de recibir a los que regresaban con el corazón aún abierto: ni cálida ni fría, sino expectante, como si cada esquina guardara la memoria de todo lo que una vez ocurrió. _____ no había pisado esas calles desde hacía dos años, pero el aire la reconocía. La ciudad no había cambiado tanto, pero ella sí. Por dentro, era otra. Había aprendido a respirar con el alma rota, a dormir sin paz, a escribir sin saber si alguna vez sería leída.
La decisión de volver no fue repentina. Fue una lenta acumulación de silencios. Había escrito cientos de cartas para Billie y jamás las envió. Había tenido sueños con su voz, con sus ojos, con aquel momento exacto antes del disparo. La muerte de la secretaria, la caída abrupta de Robert, su mirada vacía antes de apretar el gatillo... todo volvía en espiral. Y sin embargo, lo que más dolía era el recuerdo de las manos de Billie soltándola cuando ella dijo: "Necesito tiempo".
El taxi se detuvo frente a una cafetería que alguna vez compartieron. Todo estaba igual. El letrero colgante, los ventanales empañados por el vapor del café, el mismo aroma a canela flotando en la entrada. Pero Billie no estaba ahí. Ni en ningún lugar en particular. Y sin embargo, _____ sabía que aún estaba en su vida.
El siguiente paso fue encontrarla. No físicamente. Primero tenía que merecer su regreso. Caminó por el centro como si cada semáforo marcara los tiempos de su arrepentimiento. No llevaba mapa, ni dirección, ni excusas. Solo una libreta vieja con algunas líneas que escribía cada vez que su pecho no soportaba más.
En la última página, había una sola frase:
"El destino no se encuentra. Se honra."
Por el otro lado Billie la vio antes de que ella la viera. Estaba sentada en una banca del parque enfrente del restaurante donde se conocieron por primera vez, hacía más tres años. Tenía el cabello suelto, más oscuro, y el mismo gesto de quien está esperando algo que no puede nombrar. Billie dudó. La herida aún ardía. No porque no la hubiera perdonado, sino porque el amor retenido por tanto tiempo duele cuando intenta salir.
Dio un paso hacia ella. Otro. Pero fue _____ quien levantó la mirada primero. No hubo gritos. No hubo llanto. Solo un largo silencio que envolvió a las dos.
-Sabía que te encontraría aquí- dijo _____ con voz temblorosa.- O que tú me encontrarías. Al final, siempre ha sido así.-
Billie no sonrió, pero tampoco se alejó.
-¿Cuánto tiempo pensaste quedarte esta vez?-
-El que me permita el destino. Pero si tú me dejas, me quedo para siempre.-
Billie bajó la mirada.
-¿Y si ya no hay un lugar para ti?-
_____ dio un pequeño paso adelante. Estaban a menos de un metro de distancia.
-Entonces no quiero ningún otro lugar.-
El viento sopló entre los árboles. Una hoja seca cayó entre ellas, como una línea que se podía cruzar... o no.
Billie finalmente habló.
-No sé si pueda volver a confiar tan rápido.-
-No quiero que confíes rápido. Solo quiero que empieces.-
El reencuentro no fue un estallido. Fue una lenta combustión. Billie le permitió a _____ quedarse unos días en su departamento de visitas. Compartieron cafés, caminatas nocturnas, películas a medias. Cada noche era una prueba, un intento por reconstruir sin sobreponer. _____ no pedía nada, pero ofrecía todo: su compañía, sus silencios, su arrepentimiento.
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Lo que el destino dejó a su paso. (FORBIDDEN)
Fanfiction-No quiero que sufras- dije casi susurrando, una lágrima se desplazaba por mi mejilla -Por eso creo que es mejor terminar con ésta aventura-
