Donde Victoria se muda a Colombia y conoce a Carolina, y lo que Victoria no sabe es que, Carolina iba a ser lo mejor que le pudo haber pasado pero, se da cuenta cuando la pierde.
Y donde Carolina, descubre su orientación sexual cuando conoce a Victo...
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No dormí esa noche.
Me quedé abrazada a la almohada mientras las lágrimas me empapaban la cara y la garganta se me cerraba una y otra vez. Cada vez que creía que ya no podía llorar más, me venía otro recuerdo de Diego: su risa, sus bromas tontas, su forma de defenderme cuando papá se ponía demasiado estricto.
Me parecía imposible pensar que ya no iba a escucharlo más.
Victoria me escribió como a las dos de la mañana.
"¿Estás bien? Vi que no le respondiste a nadie en el grupo de la escuela, me preocupé."
Pero no le contesté. No podía. No sabía ni cómo explicarle todo lo que se me acababa de romper por dentro.
El día del velorio fue... algo que no deseo volver a vivir nunca. Mi mamá no paraba de llorar, papá se mantenía en silencio, como si no quisiera aceptar lo que estaba pasando. Yo, simplemente, me sentía vacía. Caminaba como un fantasma. La gente se acercaba, me abrazaban, me hablaban, pero yo no escuchaba nada. Estaba atrapada en el último mensaje de Diego, en su voz diciéndome que me amaba.
Vi a Mathías de lejos. Estaba destruido. Ni siquiera se animó a mirarnos a los ojos. Entendí que él también estaba cargando con una culpa que nadie le había dado, pero que él se había apropiado igual. No supe qué hacer. No sabía cómo consolar a nadie si ni siquiera podía consolarme a mí.
Pasaron días sin que me conectara, sin que saliera, sin que comiera como la gente. Y ahí fue cuando Victoria apareció. Un martes a la tarde, sin avisar, tocó el timbre de mi casa. Mi mamá abrió la puerta y se sorprendió de verla, pero la dejó pasar.
Yo estaba en mi cuarto, encerrada, sin ganas de ver a nadie. Hasta que escuché su voz:
—Caro...
Me senté en la cama, con los ojos hinchados y el corazón encogido. La vi entrar con una cajita en la mano. Se me quedó mirando con ternura, con tristeza, con esa forma suya de ver más de lo que uno muestra.
—¿Qué haces acá? —le dije, con la voz casi quebrada.
—Te extrañaba —dijo bajito, y se sentó a mi lado—. No sabía qué estaba pasando, pero sentía que algo estaba mal. Y... bueno, no me iba a quedar sentada esperando.
La miré y ahí fue cuando me largué a llorar otra vez. Pero esta vez no fue como antes. Esta vez lloré en sus brazos. Me abrazó tan fuerte que sentí que por un momento me devolvía algo del aire que se me había ido con Diego.
Le conté todo. Cada palabra. Cada parte del mensaje. Cada pregunta que me carcomía por dentro. ¿Por qué no me dijo antes? ¿Por qué no le insistí más? ¿Por qué no supe ver lo mal que estaba?