¿De verdad piensas que para mí todo fue un juego? Quizás no puedo culparte… porque así empezó.
Recuerdo la risa de mis amigos aquella noche, sus voces retándome como si lo tuyo y lo mío no fuera más que un entretenimiento barato.
— “Haz que se enamore de ti… a ver cuánto tarda en caer”.
Acepté. No porque quisiera hacerte daño, sino porque no me importaba nada en ese momento. No sabía que iba a encontrarte… no sabía que conocería a alguien que me haría querer ser mejor.
Y ahora aquí estoy, sosteniendo este vacío en el pecho, queriendo gritar que lo que sentí por ti fue real. Que cada sonrisa, cada caricia, cada palabra… dejó de ser parte del maldito juego y se convirtió en la única verdad que conocí.
Pero ya no sirve.
Lo veo en tus ojos cuando me miras: odio, decepción, un amor roto que no puedo volver a pegar aunque me desangre intentándolo.
—"¿Por qué, Jeongin?" —habló seungmin, su voz suena quebrada, pero también firme—. "¿Por qué jugaste conmigo? ¿Era divertido verme caer?"
Quiero responderte. Quiero suplicar, gritar que no, que no era divertido, que eras lo único que me mantenía vivo… pero las palabras no salen. Solo hay silencio.
Y quizá ese silencio es la respuesta que mereces.
...
-Seungmin-
Nunca pensé que podría odiarte y amarte al mismo tiempo.
Pero aquí estoy, con el corazón hecho pedazos, intentando decidir si quiero verte arder… o si quiero volver a sentir tus brazos rodeándome.
Me engañaste.
Todo este tiempo fui solo un maldito juego para ti. Una apuesta. Un entretenimiento barato para llenar tus días vacíos.
Qué idiota fui al creer en tus “te amo”, en cada beso desesperado, en cada mirada que pensé que estaba llena de amor.
Lo peor es que aún te extraño.
Extraño tus caricias, aunque ahora sé que fueron falsas. Extraño tu voz, aunque me susurrara mentiras. Extraño hasta el dolor que me causabas, porque al menos eso significaba que estabas ahí.
—¿Era divertido, Jeongin? —preguntó seungmin con la voz baja, casi temblorosa—. ¿Te reías cuando me mirabas a los ojos y me decías que me amabas?
Jeongin no responde. Y ese silencio… ese maldito silencio me destruye más que cualquier palabra cruel que pudiera salir de su boca.
—Dime la verdad, aunque me mate… ¿alguna vez me amaste? ¿Aunque fuera un poco?
Jeongin baja la cabeza. Sus labios se mueven apenas, como si estuviera buscando las palabras correctas, pero no hay ninguna que pueda reparar lo que rompió.
—Seungmin… no era parte del plan. Yo… terminé enamorándome de verdad.
Seungmin río. Una risa vacía, rota, que no parece suya.
—¿Y eso qué importa ahora? ¿Crees que eso borra todo? ¿Crees que me hace menos basura haber sido parte de tu maldito juego?
Seungmin mira a jeongin por última vez. Sus ojos están llenos de lágrimas, pero a jeongin no le conmueve. No esta vez.
—Te odio, Jeongin. —seungmin soltó en un susurro, pero llevan todo el peso de su dolor—. Te odio tanto como te amé.
Y me doy la vuelta. Porque si sigo aquí, no podré evitar perdonarlo… y sé que perdonarlo sería destruirme otra vez.
Aunque me duele aceptarlo, te amo, jeongin.
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Gracias por leer.
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