열여섯 17

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— Seungmin.

El silencio duele más que cualquier golpe.

Creí que lo odiaba. Que mi odio era suficiente para borrar todo lo que sentí, para arrancar de raíz cada sonrisa y cada caricia que me dio.
Pero no se puede odiar a quien marcó tu alma con fuego.

Lo amé. Lo amo.
Y eso es mi condena.

Aprendí que no todos los amores salvan.
Algunos destruyen.
Algunos te enseñan lo que significa caer y no volver a levantarte.

Jeongin me mostró un mundo que nunca pedí, y a la vez, me enseñó lo que significaba ser visto de verdad.
Y aunque me arrancó la inocencia, también me dio algo que jamás podré borrar: la certeza de que fui amado, aunque fuera tarde, aunque fuera errado.

Hoy camino lejos de él.
Con las cicatrices aún abiertas.
Con el corazón que late entre ruinas.
Pero camino.
Porque entendí que mi valor no depende de ser amado por alguien roto.
Depende de aprender a amarme a mí mismo después de todo lo perdido.

El amor no siempre se trata de finales felices.
A veces se trata de aprender a soltar, aunque duela tanto que parezca que el alma se desgarra.


—Jeongin.

Nunca fui bueno con las palabras.
Mi mundo siempre estuvo hecho de armas, órdenes y sangre. Pero con él… con él aprendí que un susurro podía doler más que un disparo.

Lo dejé ir.
Y en ese instante lo perdí todo.

Lo amé.
Lo amé con una fuerza que ni yo mismo supe reconocer hasta que ya era demasiado tarde.
Pero aprendí que el amor no siempre basta. Que cuando lo destruiste todo con tus manos, no podés esperar que alguien se quede en las cenizas.

Seungmin me enseñó a sentir.
Y también me enseñó que sentir no te absuelve de tus pecados.

Hoy vivo con su nombre tatuado en mi memoria.
Con su voz persiguiéndome en sueños.
Con sus lágrimas mezclándose con mi lluvia eterna.

Nunca seré digno de perdón.
Nunca volverá a confiar en mí.
Y esa es mi condena: saber que lo único verdadero que tuve en la vida lo destruí yo mismo.

Y a veces amar es aceptar que fuiste el villano en la historia de alguien más.
Que no merecías sus sonrisas, pero las tuviste.
Que no merecías su amor, pero te lo dio.

....

Amar no siempre significa quedarse.
Amar también significa dejar ir.
Y aunque este final sangre, aunque parezca injusto, aunque nos parta en dos, entendemos que…

No siempre se gana en el amor.
Pero siempre se aprende.

Y así, nuestras almas caminaron en direcciones distintas,
con un mismo recuerdo latiendo entre las sombras.
Un recuerdo que duele, pero que también enseña:

Que jugar con los sentimientos destruye más que las balas,
que amar no siempre salva,
y que a veces, la mayor prueba de amor es decir adiós.

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Fin. Gracias por leer.

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