Aether , un chico de otro mundo varado en Teyvat , lleno de odio y sed de venganza , Un psicópata en todos los sentidos . El número 1 los Heraldos Fatui , el más cruel de ellos y con una guerra interna contra sus peores pesadillas .
Ei , Una diosa Y...
Jean inconsciente era tratada por las enfermeras y monjas de la Iglesia, Diluc golpeaba repetidamente la pared hasta sangrar sus dedos. Barbara solamente lloraba mientras limpiaba las heridas de Jean con un paño con agua tibia. Las monjas estaban en silencio atendiendo todo ese asunto, solamente el sonido del agua se escuchaba, a excepción que segundos después una monja detenía a Diluc quien queríaentrar por la fuerza.
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Maria: Señor Diluc, por favor, calmese. No puede entrar hasta que hayan tratado a la Gran Maestra Intendente.
Diluc: ¡ESTOY CANSADO DE ESPERAR! necesito ver a Jean, necesito saber que esta bien
Las monjas no decían nada. Nunca habían visto a Diluc salirse de sus cabales de esa forma. Barbara solamente salio en silencio con sus ojos rojizos de tanto llorar. Miro a Diluc y hablo suavemente.
Barbara: La Gran Maestra Intendente esta bien, señor Diluc. Pero por favor deje de gritar, necesita descansar y usted hace mucho escándalo.
*Diluc estaba aprentando la mandíbula de rabia y solamente sentándose en las bancas, pensando en que seguramente fue el estúpido de Dariel quien hizo esto. Su mente divagaba en ese tema hasta que entraron unosguardias que lo buscaban.
Nell: Señor Diluc, rápido, necesita venir usted con nosotros, es urgente.
Diluc: No me iré a ningun lugar, no me interesa que este pasando allá fuera. Necesito estar aquí para Jea-
Nell: Su padre fue encontrado sin vida...
Solto de la nada, los ojos rojos de Diluc se oscurecieron en ese momento. Levantó la mirada con incredulidad y se levantando mirando al caballero a los ojos.
Diluc: Mientes ¿No? Mi padre no es cualquiera como para que vengas a decirme eso...
Gill: No es mentira, Señor. Por favor venga a reconocerlo por usted mismo.
Diluc tomo su saco y salió de la Iglesia, acompañado de los guardias. Bajaron corriendo las escaleras y donde quiera se escuchaban lamentos y tristeza. Había muertos por doquier y rastros efímeros del humo toxico que traía consigo la muerte. El cielo antes rojo ahora era gris anunciando una venidera lluvia. Diluc corrió rápidamente ignorando las manos de la gente arrodillada en el suelo que al verlo pensaban en pedirayuda para encontrar a sus niños.
Diluc: ¿Lamentos por muertos? -Mirando de reojo a las personas-
Gill: No, mi señor. No del todo, la mayoría son madres cuyos hijos desaparecieron.