Epilogo

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El apartamento en Madrid estaba lleno de la rutina de la mañana. Elena corría por el salón con su pelota, sus ojos miel brillando y su cabello castaño largo con suaves ondas moviéndose a cada paso. Julián, recién llegado del entrenamiento con el Atlético de Madrid, estaba recostado en el sillón, con la camiseta del club todavía puesta y los pies apoyados sobre la mesa de centro, revisando su teléfono mientras la pequeña gritaba y reía.

Camila lo observaba desde la cocina, jugando con el control remoto de la tele y sosteniendo una taza de té caliente. Su panza ya empezaba a notarse, y cada movimiento de Elena o de la propia Camila parecía sincronizarse con su corazón acelerado por la noticia que estaba a punto de dar.

—Julián... —empezó Camila, intentando mantener la calma mientras trataba de no soltar la risa—. Necesito que me escuches... con atención.

Julián levantó la vista, arqueando una ceja y dejando el teléfono a un lado. —¿Eh? ¿Qué pasa, mi amor? —preguntó, levantándose del sillón—. Te escucho.

—Bueno... —dijo Camila, haciendo un gesto dramático con la mano mientras caminaba hacia él—. Es algo importante... y un poquito... inesperado.

Julián frunció el ceño, sin poder evitar un pequeño escalofrío de curiosidad mezclado con preocupación. —¿Inesperado? ¿Qué... es inesperado? —preguntó, con un hilo de voz entre la intriga y el miedo divertido de imaginar cualquier locura.

—Mirá... —dijo Camila, cruzando los brazos mientras trataba de contener la risa—. Hace dos semanas dejé las pastillas anticonceptivas, ¿te acordás?

Julián parpadeó varias veces, intentando procesar la información. —Sí... sí, claro... ¿y?

Camila respiró hondo, intentando mantener la compostura. —Bueno... —hizo una pausa dramática, caminando un poco alrededor del salón mientras Julián la seguía con la mirada—. Parece que... algo pasó muy rápido... demasiado rápido... y creo que... estoy... —hizo una pausa, dejando que Julián esperara, mordiendo el labio y ya preocupado—. Estoy embarazada.

Julián se quedó congelado, con la boca abierta y las manos a medio aire. —¿¡Qué!? —gritó, dando un par de pasos hacia atrás como si hubiera recibido un tiro de emoción y sorpresa al mismo tiempo—. ¡¿Embarazada?! Pero... ¡solo pasaron dos semanas! ¿Cómo... cómo es posible?

—Eso mismo me pregunto yo —dijo Camila, riéndose, mientras Julián comenzaba a caminar en círculos como un jugador que no podía creer su propio gol—. ¡Dos semanas, Juli! Apenas dejamos las pastillas... y ya pasó esto.

Julián levantó los brazos al aire, como si tratara de calmar la incredulidad que sentía. —Esto es... increíble... loco... maravilloso... pero imposible —dijo, riendo y negando con la cabeza—. ¿Cómo pasó tan rápido? ¿Tenés idea?

—No, parece que sos el hombre mas fértil de la tierra —respondió Camila, divertida—. Solo sé que nuestro bebé decidió llegar sin avisar.

Julián la miró, incrédulo, mientras Camila se acercaba con una sonrisa pícara. —¡Pero... pero...! —dijo Julián, caminando en círculos de nuevo—. ¡Esto es un shock total! ¡Ni siquiera nos dio tiempo de acostumbrarnos a la idea de ser padres otra vez!

—Bueno, ahora lo sos —dijo Camila, colocando su mano suavemente sobre la panza—. Y vas a ser el papá más feliz del mundo.

Julián abrió los brazos y la abrazó con fuerza, enterrando la cabeza en su hombro mientras trataba de procesar la noticia. —Esto... es demasiado loco —murmuró entre risas—. Apenas dos semanas... y ya... ¡un bebé! ¡No sé si reír, llorar o gritar!

Camila se rió, acariciando su espalda mientras lo veía girar entre risas y movimientos cómicos. —Podés hacer las tres cosas al mismo tiempo, Juli —bromeó—. Yo ya lo hice.

ME!- Julian Alvarez- FINALIZADADonde viven las historias. Descúbrelo ahora