El olor a comida recién echa, seguía siendo una insignia constante de Ramen Uzumaki. El sabor, la calidad y el amor por la comida de los dueños, habían generado que muchas personas se convirtieran en clientes regulares, sin importar la edad o el estado civil. Solteros, casados, mayores o niños, no importaba. Ramen Uzumaki se había consolidado como uno de los puestos de comida japonesa más solicitado, y no solo por su ramen. Las gyozas, tan jugosas que uno solo podía babear por ella; el tierno y sabroso sushi de salmón que hacía tener sueños húmedos a más de cien críticos gastronómicos por mucho que estos intentaran mostrarse impasibles, ajenos a la comida que la familia Uzumaki siempre ofrecía a sus comensales, sin importarles si tenían millones o solamente dos yenes en el banco.
El mundo colocó al puesto en un buen sitio, por supuesto, gracias al karma de sus dueños. Amables y serviciales, dieron el mejor trato para los clientes y proveedores, siempre trabajando sin descanso para servir el mejor servicio posible, incluso si su hijo ahora estaba lejos, estudiando para convertirse en uno de los mejores cocineros del mundo...o para destruir la cocina como muchos la conocían, que sería lo más probable. Totsuki no contaba con el mejor ambiente par que alguien como el hijo de los dueños de aquel puesto, creciera apreciando a sus compañeros. La competencia, la comercialización de la comida...todo eso era algo completamente banal e innecesario, una estupidez echa por los arrogantes que se creían con el derecho de juzgar quien podía o no comer su comida, quién debía ser digno de tener a los mejores chefs a sus pies.
Aquel día, el sol ya se estaba poniendo cuando la puerta corrediza del local se abrió y se cerró en el lapso de menos de un minuto, lo que podría ser indicativo de que algunos de los clientes se habían marchado. Pero aquel día, el local estaba completamente vacío. No había niños corriendo entre las mesas, moviendo sus juguetes; no había abuelas con bentos sobre la mesa, sonriendo a sus hijos, a sus nietos; no había hombres tomando sake, acompañados de sus amigos o compañeros de trabajo, tal vez de familiares.
Las mesas estaban vacías y el local estaba levemente iluminado por la luz de la cocina y algunos focos colocados sobre la zona de la barra. Se notaba que no esperaban a nadie a esa hora, pues no habían encendido las luces y no parecían preocupados de que alguien fuera a entrar a esa hora. De todas formas, Uzumaki Kushina estaba de pie, vestida con un delantal verde, su cabello recogido en un moño que ocultaba con una bandana de color verde claro, casi blanco. Algunos mechones enmarcaban su rostro claro, pero no había detenido sus manos, que amasaban aquella masa de arroz para dar forma a las famosas Bolas de Arroz de Uzumaki, rellanas de pollo, atún y otros distintos ingredientes. Esta comida se había ganado el corazón de los niños y Kushina era experta en ella. Incluso cuando intentó que su esposo la realizara, Minato apenas llegó a hacer un par de ellas con el sabor apropiado. E, incluso con eso, Kushina era mejor que él haciendo aquel plato.
Cuando oyó el golpe seco de la puerta corrediza, Kushina no levantó los ojos de la masa, no detuvo sus manos. Amasó la pasta, moviéndola constantemente, con fuerza, aplastándola. Cuando finalmente vio que estaba lista, solamente comenzó a separarla, dando forma a las bolas con sus manos. Lanzaba la pasta, rellena, hacia arriba y la cogía, con fuerza, aplastando la masa alrededor del relleno con fuerza y ni siquiera se despeinó por ello.
Tras varios minutos y el sonido del rechinar de un taburete, había unas veinte bolas arroz completamente echas, templadas todavía, colocadas en un plato junto a un vaso de agua que fue delicadamente colocado al lado, como si Kushina no quisiera tirarlo encima de la persona que lo había ido a visitar.
Una mano bronceada tomó una de las bolas y esta desapareció completamente, engullida por Naruto, que cerró la boca con fuerza y tragó con mucha más fuerza.
A causa de aquel gesto, el chico comenzó a toser y, tambaleante, tomó el vaso de agua, dando un enorme trago a la bebida para hacer pasar la masa por la garganta, lo que parecí un trabajo difícil. Casi se atragantaba solo comiendo una bola de arroz. Si hubiera tardado unos segundos más, probablemente estaría viendo a San Pedro en esos instantes, cerrándole el paso.
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El Chef
FanfictionDe entre todo el arte, el culinario es el que ha ido evolucionando, creciendo para adaptarse a distintas personas de los más recónditos lugares del mundo. Uzumaki Naruto, un cocinero especializado en ramen, es invitado a la afamada escuela de élite...
