Capitulo 29

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Gire en mi propia pierna, patee a Igris con fuerza haciendo que se alejara, apunte con mi mano izquierda a Beru, enseguida una esfera roja se hizo presente.

-Rojo -murmure para mí. La energía salió a gran velocidad en su dirección, varias sombras se interpusieron en el camino, pero enseguida eran consumidas y destruidas con facilidad.

Solo un poco más y tocaría a Beru, acabandolo. El infinito activado no dejaba que las demás sombras me hicieran daño, por lo que aún tenía mi mira en la hormiga. 

No tenía escapatoria, lo sabía, Beru también podía notarlo. Ya había entrado en la órbita de la esfera, no tenía salida. Abría sido perfecto, de no ser por la cuchilla que hizo añicos el infinito y me obligó esquivarlo, la esfera roja se desvío, sin consumir a la sombra.

Me enderece mirando hacia arriba. El pelinegro me miraba con ese destello violáceo en sus ojos. Mire la daga en su mano, la reconocí enseguida, pero no sabía que el podía poseerla.

-Creo que deberíamos terminar esto -dijo. Mire como el cuerpo del monarca de los gigantes se encontraba en el suelo, inerte, muerto.

Las sombras estaban esperando, podía sentirlo, la expectativa a las ordenes de su rey. Solté una risita divertida sin apartar mi vista de él.

-Entonces... Hagámoslo- dije enseguida lanzandome en su dirección, esquivo los golpes, gire sobre mi eje para golpearlo con mi pierna pero la tomo y me lanzó en otra dirección.

Empuño la daga con más fuerza e hizo aparecer otra en la mano contraria. Rei por eso, las sombras vinieron eni dirección atacando, no tarde en deshacerlas con facilidad.

Esquivé agachandome hacia atrás, sosteniendo me con mis manos en el suelo, dando una vuelta y una patada al mismo tiempo. Lo esquivo.

La daga se acercó a gran velocidad, golpeó mi costado y luego cortó mi cuello levemente haciendo que saltará hacia atrás. Sentía como la sangre bajaba por mi cuello. Pero enseguida la herida se cerró con facilidad.

-¿Eso es todo? -me burle. Volvió a atacarme. Parecía una danza, un juego de poder entre nosotros, atacar, esquivar, herir.

Monarcas y Gobernantes, enemigos eternos.

La mayoría de la estructura en aquel lugar ya estaba casi destruida. No sabía cuánto mas duraría antes de que la puerta se cerrará. El último movimiento fue rápido, me tomo de la pierna haciéndome caer al suelo, intento subirse para inmovilizarme, pero no lo logro, cuando lo hice caer de rodillas, tome su propia daga y me levanté apoyándola en su cuello.

La sangre por el leve golpe hacia que cayera, como una amenaza silenciosa de su propio fin. No había activado más nada, no había siquiera expandido mi dominio.

Lo mire a los ojos, esperando.

-Adelante... Tienes la daga -dijo sin apartar sus ojos.

-¿Por qué?- pregunté enojada.

-Lo dijo, soy un Monarca, tu lo dijiste y por tu parte, eres un gobernante - explico -si no es ahora, ¿Cuando será?

-No te pusiste a pensar que...-calle enseguida - no, claro que no- sus ojos estaba curiosos por lo que diría -eres un idiota, no piensas, no lo haces y no te fijas alrededor lo que sucede. No sabes de lo que soy capaz.

-Si lo se -admitio con una sonrisa, divertido, arrogante- no eres la única maldita que puede ver el poder de los demás -dijo. Fruncí el ceño.

-¿Entonces por qué?- pregunté en un murmuró mirándolo. Sus ojos no reflejaban más que... Arrogancia ante mi reacción.

Tattoo//Sung Jin WooHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora