______ Harrigton
Nunca pensé que el fin del mundo sería tan silencioso.
El bosque de Hawkins siempre tuvo un murmullo extraño, como si respirara con nosotros, pero esa noche todo estaba quieto. Ni el viento pasaba entre las hojas. Solo el crujido de mis pasos y la linterna temblorosa que llevaba Nancy. Caminaba delante de mí, decidida, firme, con ese miedo oculto que solo yo sabía reconocerle en los hombros. Nancy Wheeler siempre trataba de parecer inquebrantable, aunque yo ya había aprendido a leerla.
—No te quedes atrás, Liv —dijo sin girarse, con esa voz suya que sonaba a orden suave.
Aceleré el paso hasta quedar casi a su lado. El aire estaba cargado y frío, como cada vez que algo del Upside Down se filtraba al nuestro. Hacía semanas que Hawkins parecía vivo, respirando peligro. Y ahí estábamos nosotras, como si realmente importáramos en esa guerra imposible.
Nancy se detuvo cuando llegamos a un claro donde la tierra estaba quemada. Había señales de lucha, marcas profundas en el suelo.
—Aquí fue —murmuró ella, apuntando con la linterna.
Su mandíbula estaba tensa. Desde que salíamos, desde que compartíamos algo más que misiones arriesgadas, yo me había vuelto experta en detectar cuándo intentaba ser más dura de lo que sentía. Me acerqué un paso, tocando apenas su brazo.
—No tienes que cargar con todo sola —le dije.
Ella bajó un poco la linterna y me miró. Sus ojos siempre parecían más oscuros cuando estaba preocupada.
—Tengo que hacerlo —respondió con firmeza—. Tú… tú no deberías estar aquí. Este no es tu problema.
Esa frase me dolía cada vez que la repetía.
—Nancy, estoy aquí porque quiero estarlo. Contigo.
A veces me preguntaba si ella se daba cuenta: que no era Hawkins lo que me hacía quedarme, sino ella. Ella y su forma de mirar el peligro como si pudiera ganarle a golpes.
Soltó un suspiro, frustrado. Aunque no lo admitiera, le preocupaba más lo que pudiera pasarme a mí que lo que enfrentáramos. Y eso la desequilibraba.
—No puedo perder a nadie más, Liv. —Su voz se quebró un poco, casi imperceptible.
Toqué su mano esta vez. Y ella dejó que mis dedos rozaran los suyos. Un avance enorme viniendo de alguien que usaba su valentía como armadura.
—No me vas a perder.
No respondió. Se limitó a apretar mi mano con una fuerza que decía más que sus palabras.
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Avanzamos más profundo entre los árboles hasta llegar a un viejo portón oxidado: la parte trasera de un acceso abandonado del laboratorio Hawkins. Nancy lo empujó con el hombro hasta que cedió. El metal crujió tan fuerte que me estremeció.
El interior estaba oscuro, lleno de pasillos estrechos y puertas semiabiertas. El aire apestaba a humedad y electricidad quemada. Luces colgantes parpadeaban como si tuvieran miedo.
Nancy caminaba delante, arma en mano, pero cada cierto tiempo miraba hacia atrás solo para confirmar que yo seguía allí. Era su forma de decirme que le importaba, aunque lo negara en voz alta.
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One short
Fiksi Penggemarson historias que se me vienen y son cortas, aprte de sus pedidos
