Capitulo VII - ¿Por qué es tan oscuro estar sin ti?

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El avión por fin tocó tierra con un golpe seco, y Jimmy sintió que algo dentro de él también aterrizaba de golpe. Afuera, Mánchester lo recibía con su típico cielo gris y ese frente frío decembrino que parecía no haber cambiado en diez años de ausencia.

Apenas bajó del avión, el olor a lluvia vieja y café industrial le golpeó la memoria como un flash sin filtro y una sonrisa leve se dibujó en sus labios. Un suspiro de remembranza sacudió su cuerpo y paseó la mirada por la ajetreada terminal que lo recibía.

El ambiente decembrino en Mánchester era frío, húmedo y con días de luz cortos, donde la lluvia y los cielos nublados dominaban el paisaje urbano. La atmósfera invernal se combinaba con la iluminación navideña, creando un contraste entre la melancolía del clima y la calidez de las celebraciones.

Al salir hacia el centro, lo primero que lo envolvió fue el bullicio: calles abarrotadas de puestos de madera, luces colgando de cada esquina y un murmullo constante de villancicos mezclados con risas y el chisporroteo de las parrillas. El aire olía a vino caliente y carne asada, olores que lo remontaban a sus recuerdos de infancia más felices, tan distinto al dulzor de los oliebollen(1) que solía comprar en los canales de Ámsterdam, un olor que también cargaba recuerdos antes felices que hoy le sabían más a melancolía.

«Recordó entonces las noches silenciosas junto al agua, cuando las instalaciones del Amsterdam Light Festival(2) se reflejaban en la superficie oscura, y la ciudad parecía susurrar la Navidad en voz baja. Allí, la celebración era íntima, casi doméstica: velas en las ventanas, largas cenas familiares y conversaciones que se prolongaban hasta la madrugada.

Recordaba su hogar allí, en el ultimo piso en una de las tantas pintorescas casas de canal(3), tan estrechas, altas y profundas, con sus fachadas de ladrillo adornadas por gables decorativos(4), con sus grandes ventanales por los que entraba la luz a borbotones y ese aire histórico que hacía que vivir allí pareciese un sueño. Era un espacio compacto, pero acogedor en el que se sentía seguro.

Se recordaba cocinando la cena de Navidad junto a sus amigos de la universidad, esos que eran su familia elegida y su lugar seguro por esos años. Recordaba también el abrazo cálido y protector de quien amó alguna vez, y cómo ambos disfrutaban de mirar las luces de los canales desde los ventanales de su hogar, sintiendo que esa felicidad podría durar para siempre... qué ilusos solemos ser cuando la felicidad nos nubla los sentidos.»

Ahora, de vuelta en su ciudad natal, Jimmy comprendía que no había regresado por nostalgia ni por el espíritu navideño. Mánchester era apenas una pausa obligada, un refugio temporal antes de seguir hacia Herfest, donde lo esperaba el resto de su vida en movimiento. Había huido de Ámsterdam porque la ciudad, con toda su belleza, se había vuelto inhabitable para él: cada canal le devolvía una ausencia y cada ventana iluminada le recordaba un futuro que ya no existía. Se marchó antes de tener que aceptar que el amor también puede convertirse en una casa vacía. Y resultaba irónico —casi cruel— que esa huida lo trajera primero al lugar del que alguna vez escapó para poder ser él mismo. Mánchester no era su destino, nunca lo había sido, pero funcionaba como un punto de anclaje momentáneo, un sitio donde respirar hondo antes de continuar. Herfest lo aguardaba más adelante. Y esa certeza, tan inquietante como inevitable, le pesaba en el pecho incluso más que el cansancio del viaje.

SAVE ME [BL]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora