Tras un accidente que le arrebató a su mejor amigo, Connor vive atrapado por la agorafobia y el trastorno de estrés postraumático, refugiado en la rutina y el encierro para evitar el caos del mundo exterior. Años después, Jimmy, un viejo amigo de la...
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Despertó de golpe, encontrándose de nuevo en su cómoda cama. Respiraba agitado y su corazón latía de manera acelerada. A pesar de la calma en su habitación y el cómplice silencio de la noche, el ruido de su mundo interno pugnaba por desbocarse al exterior, como cuestionamientos que ni él ni nadie podría responder.
En un intento por calmar la turbulencia en su interior, extendió una de sus manos hacia la mesa de noche, buscando alcanzar sus medicamentos de emergencia, pues las noches resultaban en especial difíciles para él. Esta no era la primera vez que despertaba sobresaltado por las pesadillas recurrentes, pues este ya era un escenario casi cotidiano en su habitación. En el proceso de tomar los medicamentos, notó cómo sus manos temblaban como respuesta a ese malestar interno que le agobiaba, como eco del terror que asolaba su mundo interno. Sostuvo con firmeza el frasco de pastillas, sacó la dosis que necesitaba y luego tomó todo de golpe, junto al vaso de agua que solía dejar en la mesita cada noche. Esa era su única salida temporal al caos que se agitaba en su mente.
Holly, su dulce perrita que solía dormir a un lado de él sobre la cama, se despertó también, alarmada por el estado de su humano y se acurrucó sobre su pecho, tal vez en un intento de calmarle. Ante este gesto Connor se recostó de nuevo en la cama y comenzó a acariciar aquellos rizos perrunos, aun entre el temblor incontrolable de sus manos, mientras recordaba los ejercicios de respiración que su terapeuta le había enseñado para este tipo de situaciones, poniéndolos en práctica y regulándose poco a poco.
Fue así que, en medio del silencio de la madrugada, se quedó mirando hacia el cielorraso, intentando comprender lo que había pasado en sus sueños, recordando las palabras de Joseph en su mundo onírico.
"—...Deja esta carga y vuelve a ser libre."
Un suspiro pesado acompañó el trago amargo mientras extendía la mano hacia la mesa de noche para tomar su móvil. No tardó en abrir su Whatsapp(1) y revisar su pequeña lista de contactos con quienes no solía cruzar palabra muy seguido y aun así seguían allí, como si comprendieran su deseo de mantenerse al margen de la vida estos últimos años. No tardó en notar que ya era muy de madrugada y buscó al único contacto con quien deseaba hablar de verdad, a ese al cual no interrumpiría su sueño, pues Joseph jamás respondería sus mensajes por razones más que obvias.
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