Esto era un problema increíblemente grande y debían arreglarlo antes de que los medios amarillistas metieran más rumores y teorías estúpidas a todo esto.
Valeria por su parte no podía dejar de ver el cuerpo; en su expresión se veía como una joven que vio lo peor del mundo y lo asqueroso de este, y eso en lo adentro de Valeria le hacía revolver el estómago un poco.
Cuando por fin, con una voz tranquila y calmada, habló: -Será mejor revisar nuevamente el lugar de los hechos...-
No hubo más palabras, ni objeciones; solo una sugerencia con una verdad: estaban dejando pasar algo que los ayudaría a arreglar esto.
Al llegar al auto y dirigirse nuevamente al lugar del asesinato, la tensión entre los dos era tan pesada y muy incómoda. Los dos no se veían, no hablaban, no había interacción alguna, solo un silencio penetrante y esa sensación de soledad entre los dos.
Alejandro tuvo la iniciativa de hablar: abrió la boca y la cerró automáticamente; lo hizo una segunda vez hasta que por fin salieron las palabras de sus labios: -¿Estás bien...?-
Valeria no respondió de inmediato; no lo hizo por unos cinco o diez minutos, simplemente soltó un efímero y monótono: -Sí.-
No existía emoción ni una chispa de aburrimiento; era simplemente algo tan simple que sonaba raro viniendo de una mujer como Valeria, una mujer tan explosiva en muchos aspectos.
Alejandro la miró por unos segundos y asintió, y no volvió a decir palabra alguna hasta llegar a su destino.
En la prestigiosa casa de la pareja volvieron a recorrerla una vez más, desde el jardín principal con flores de todo tipo que tenían pinta de ser bien cuidadas, con miles de dólares invertidos en ellas, hasta los cuartos donde se encontraban los muebles y objetos de higiene con valor monetario realmente elevado. Pero ahora había algo raro...
En uno de los gabinetes de un mueble de noche color crema, a lado derecho de la cama matrimonial del cuarto principal, había un periódico; no tan viejo, tenía la fecha de quince de mayo, dos días antes de la muerte de la hija del alcalde. El encabezado decía: "Familia Davis y su fortuna de 4.5 millones de dólares". Si bien la familia Davis era conocida por sus miles de negocios esparcidos en los pueblos vecinos y ciudades, para nadie era un secreto que estos compartían cierta rivalidad contra la familia Brown, y más aún las dos herederas Emma Davis y Charlotte Brown, la última la hija del alcalde.
Alejandro miró el pedazo de periódico durante unos segundos hasta que, con voz firme, habló: -Debemos hablar con la familia Davis, ahora.-
Valeria lo miró y solo asintió: si querían resolver esto, debían acudir con las primeras personas que podían hacerles daño a los Brown... Los Davis.
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te odio pero besame..
AléatoireDos personas que se odian unidas por un mismo destino..
