¡El Villano del Kpop! 3/3
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El silencio en la sala de juntas era ensordecedor. El bolígrafo pesaba toneladas en mi mano. Si firmaba, negaba lo que sentía por Felix y aceptaba vivir en una mentira. Si no lo hacía, la "persona misteriosa" terminaría de hundirnos.
—No voy a firmar eso —dije, dejando el bolígrafo sobre la mesa de cristal. El sonido resonó como un trueno.
El ejecutivo frunció el ceño, pero antes de que pudiera gritarme, la puerta se abrió. No era seguridad. Era Yoongi, con su computadora portátil bajo el brazo y esa mirada gélida que solo ponía cuando alguien intentaba sobrepasarse con nosotros.
El rastro digital
—Siéntate, Being —me dijo con calma, ignorando al staff—. Resulta que la "paparazzi" no fue tan lista. Al recibir ese segundo pago masivo, dejó un rastro digital que alguien con un poco de tiempo y los contactos adecuados pudo seguir.
Yoongi giró la pantalla. En ella, se veía una serie de correos electrónicos filtrados. El pago no venía de una subsidiaria fantasma externa... venía de una cuenta vinculada a un antiguo inversor que quería forzar la caída de las acciones de la empresa para comprar más barato. Nos estaban usando como piezas de ajedrez en una guerra de dinero.
—Si publicas ese comunicado negándolo todo —continuó Yoongi mirando al ejecutivo—, les estarás dando exactamente lo que quieren: debilidad. Pero si publicamos la prueba de que esto fue un complot financiero y una extorsión, el público se pondrá de nuestro lado.
Mi teléfono vibró en mi bolsillo. Esta vez, no era una notificación de odio. Era un mensaje de texto de un número desconocido, pero sabía perfectamente quién era.
"No firmes nada. Estoy frente a mi empresa ahora mismo. Vamos a decir la verdad juntos". — Felix.
Sentí una oleada de valentía. Me levanté de la silla, ignorando las protestas de los directivos que temían por las acciones. Salí de la sala y caminé directo hacia el área de comunicaciones.
Esa noche, no hubo comunicados corporativos fríos. Hubo una transmisión en vivo simultánea. Desde dos lugares distintos de Seúl, Felix y yo hablamos. No pedimos perdón por vernos, sino que mostramos las pruebas de la extorsión y el complot de los inversores.
—Nuestra vida privada no es una moneda de cambio —dije frente a la cámara, con millones de personas viéndome en tiempo real—. Y no vamos a permitir que el miedo dicte quiénes somos.
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Epílogo
Semanas después, el escándalo financiero seguía en los tribunales, pero el "hate" se había transformado en un respeto cauteloso. Por primera vez en la historia del K-pop, dos idols habían desafiado al sistema y habían ganado.
Caminaba por el parque, con la capucha puesta, cuando sentí una mano conocida entrelazarse con la mía. No había cámaras, no había paparazzi amenazantes, solo nosotros.
—Lo logramos, ¿verdad? —susurró Felix, apretando mi mano.
—No solo lo logramos —respondí sonriendo—, cambiamos las reglas del juego.
Luego de eso paramos en la empresa HYBE sin ningún acontecimiento
El viento de la noche en Seúl soplaba con una suavidad que parecía pedir disculpas por los días de caos. Estábamos en la azotea del edificio, un lugar donde las cámaras no podían alcanzarnos y donde el ruido de la ciudad se sentía como un murmullo lejano.
Escuché sus pasos antes de verlo. Felix caminaba hacia mí, con las manos en los bolsillos de su sudadera oversized y esa sonrisa pequeña, casi tímida, que guardaba solo para los momentos en los que no había un guion que seguir.
—Pensé que te habías arrepentido de la cita en las alturas —dijo con esa voz profunda que siempre lograba hacerme vibrar el pecho.
—Después de enfrentarnos a medio mundo, una azotea me parece el lugar más seguro de la tierra —respondí, girándome hacia él.
Él se detuvo a pocos centímetros de mí. Sus ojos recorrieron mi rostro con una intensidad que me hizo olvidar el frío. Sin decir una palabra, acortó la distancia y me rodeó con sus brazos, escondiendo su rostro en el hueco de mi cuello. Suspiró, un suspiro largo que llevaba semanas contenido.
—Casi te pierdo, Being —susurró contra mi piel—. Cuando vi las fotos... cuando escuché que alguien más estaba moviendo los hilos para destruirnos, sentí que el suelo se abría bajo mis pies.
Me aferré a su espalda, sintiendo el latido de su corazón contra el mío. Era real. Estaba ahí.
—Nadie puede destruir algo que no les pertenece, Lix. Nuestra carrera es de ellos, pero esto... —me separé un poco para mirarlo a los ojos— esto es solo nuestro.
Felix extendió su mano y acarició mi mejilla con el pulgar. Sus ojos brillaban bajo las luces de neón de la ciudad.
—Me salvaste. Esa transmisión en vivo... nunca había visto a nadie tan valiente. Eres el centro de mi mundo, y ahora el mundo entero sabe que no voy a soltarte.
Se inclinó lentamente, dándome el espacio para retroceder, pero yo solo quería avanzar. Cuando sus labios rozaron los míos, fue como si todas las piezas del rompecabezas finalmente encajaran. No era un beso de película, era un beso de alivio, de promesa y de una libertad que nos había costado sangre, sudor y lágrimas conseguir.
—Te amo —dijo él, separándose apenas unos milímetros, con la respiración entrecortada—. No importa qué titular saquen mañana, o qué rumores inventen. Mientras estés conmigo, que digan lo que quieran.
Sonreí, sintiendo por primera vez en mucho tiempo que el peso en mis hombros había desaparecido.
—Que hablen, Lix. Nosotros ya ganamos.
Entrelazamos nuestros dedos y nos quedamos allí, mirando el horizonte de una ciudad que ya no nos daba miedo, listos para escribir nuestro propio final, un día a la vez
