El oleaje del océano golpeaba el bote con monotonía. Spike miraba la cicatriz en su hombro, sintiendo el frío de la noche calarle los huesos. Faltaban pocas horas para que el mundo se entera de los planes de Grogar, pero la mente del dragón morado estaba atrapada tres días atrás... justo antes de robar ese bote y dejar la Tierra de los Dragones. Recordaba el caos que dejó a su espalda. Recordaba a Ember desatada.
**[20 días antes - El Palacio de la Señora de los Dragones]**
Una Ember enfurecida destrozaba rocas y reliquias antiguas con su lanza. El suelo del palacio temblaba con cada uno de sus golpes. Los guardias retrocedían, aterrados.
-¡Ya lo he intentado todo! -rugió Ember, frustrada-. Ejércitos de dragones, rastreadores, mutaciones biológicas, dragones modificados con habilidades únicas... ¡y nadie puede traerlo! Mi Spike se ha vuelto tan fuerte que no puedo hacer nada para alcanzarlo...
Ember se detuvo, respirando con agitación. Se acercó a su trono y pasó una garra, con una suavidad que nadie le conocía, sobre una vieja foto de Spike.
De pronto, el ambiente cambió. Las antorchas comenzaron a parpadear, ahogadas por una ráfaga de aire helado. El cristal de la ventana principal estalló en mil pedazos con el rugido de un trueno. De entre los escombros y la lluvia, una figura imponente de escamas blancas y negras se puso en pie. Sus ojos rojos brillaban como brasas.
-¡Malacor! -exclamó Ember, poniéndose en guardia.
-A sus órdenes, mi Reina -siseó el recién llegado, con una sonrisa torcida.
-¡No te acerques a la Señora de los Dragones, engendro! -gritaron los guardias, lanzándose al ataque.
Malacor ni siquiera se inmutó. Movió sus alas con la elegancia de una capa y, en un paradeo, disparó una ráfaga de espinas negras y afiladas. El ataque fue quirúrgico: ocho espinas atravesaron los pechos de los ocho guardias, matándolos al instante antes de que pudieran tocar el suelo.
-Discúlpeme -dijo Malacor,
limpiándose una mancha de polvo-. Solo vine porque quiero ir tras ese dragón.
-¿Qué te hace pensar que tú podrás atraparlo si mi ejército falló? -preguntó Ember, apretando los dientes por la pérdida de sus dragones, pero necesitada de su poder.
-Por lo que he oído, ese dragón ha estado en el mismísimo infierno... igual que yo. Aunque, por supuesto, yo soy superior. Déjeme intentarlo.
Ember lo miró fijamente. Era un riesgo, pero la desesperación ganaba.
-No perdemos nada con intentar. Ve por él. Pero escúchame bien, Malacor: lo quiero vivo. No lo mates.
Un rayo iluminó el salón y, en el siguiente parpadeo, Malacor ya no estaba. Ember miró el vacío de la ventana destruida, sintiendo un escalofrío:
-No sé si fue buena idea... Ese maldito está loco, es demasiado peligroso incluso para estar aquí.
**[Esa misma noche - Las ruinas de un viejo pueblo]**
Nubes negras como el carbón devoraban la luna. Spike caminaba entre las siluetas de las casas abandonadas hasta que divisó un viejo campanario. Cansado, subió y se dispuso a dormir en el suelo de madera, buscando un momento de paz.
El silencio se rompió de forma invisible. Una silueta con garras filosas como cuchillas se deslizó por las vigas, descendiendo lentamente hacia el cuello de Spike. El instinto del dragón morado, forjado en el dolor, reaccionó antes de que su mente procesara el peligro. Spike esquivó el corte por milímetros, agarró al atacante del cuello y lo estampó contra la pared de piedra, incrustándole un trozo de madera rota en el hombro.
Malacor, atrapado contra el muro, soltó una carcajada desquiciada.
-¡Ja, ja, ja! Sí que eres bueno...
-¿Quién eres? -exigió Spike, invocando su espada.
-Tu propio reflejo.
Malacor agarró el objeto clavado en su hombro y lo arrancó de golpe, derramando sangre negra. Spike abrió los ojos con asombro al ver cómo la carne y las escamas del dragón blanco y negro se regeneraban en segundos. Un trueno ensordecedor sacudió el cielo, y Malacor atacó: una lluvia de espinas blancas y negras cortó el aire. Spike giró su espada a toda velocidad, desviando la mayoría, pero la velocidad de Malacor era absurda; dos espinas lograron clavarse profundamente en el muslo y el brazo de Spike.
-Qué lástima que no tengas un factor de curación como el mío, ¿verdad? ¡Ja, ja, ja! -se burló Malacor.
De sus muñecas brotaron dos enormes espinas que usó como dagas, arrojándose sobre él. Spike, acorralado, no usó su fuerza física: usó el entorno. Golpeó la enorme campana de bronce con el pomo de su espada. El sonido vibró con una onda sónica brutal que aturdió los oídos de Malacor, haciéndolo retroceder de rodillas.
Aprovechando la ventaja, Spike rugió, soltando una bocanada de fuego denso que envolvió el campanario. La madera vieja ardió al instante, extendiéndose a las casas aledañas en un infierno total.
Spike saltó hacia el suelo del pueblo, cubriéndose de las cenizas. Entre las cortinas de fuego, Malacor emergió caminando tranquilamente, con el cuerpo chamuscado pero regenerándose a cada paso, manteniendo esa sonrisa enferma.
El choque de espadas comenzó. El acero y las espinas chocaban desprendiendo chispas. Spike ponía toda su fuerza destructiva en cada golpe, pero la agilidad de Malacor y su regeneración lo hacían inmune al desgaste. Con un movimiento rápido, Malacor barrió el pie herido de Spike, haciéndolo morder el polvo. El cielo parecía estarse cayendo sobre ellos debido a la tormenta.
Malacor se paró sobre él, respirando con agitación, mirándolo fijamente a los ojos rojos.
-Puedo sentir tu sufrimiento desde aquí, dragón -dijo Malacor, su tono volviéndose extrañamente serio-. Nunca esperé conocer a alguien tan quebrado como yo... y eso me asquea. Me molesta. Porque en este maldito mundo, ¡yo debo ser el único monstruo!
Malacor levantó sus brazos, transformando sus garras en gigantescas estacas de hueso negro, y las hundió en los costados de Spike. La sangre corrió, pero Spike ni siquiera parpadeó. Su mirada seguía siendo un témpano de hielo, fija en su verdugo.
Malacor se desconcertó, deteniendo el golpe final. -¿Cómo es posible? Deberías estar gritando...
-Yo no soy como tú -susurró Spike, su voz vibrando con un poder antiguo
-. Tú te volviste loco por el dolor... Yo me volví más fuerte.
Malacor, enfurecido, materializó más espinas para empalarlo por completo.
-¿Siquiera sabes cuándo muere tu verdadero ser? ¡Muere cuando te quitan todo!
Spike apretó los dientes. El dolor físico ya no significaba nada para él.
-"Mi verdadero yo murió... el día en que vi morir mi propia infancia".
El cuerpo de Spike se expandió, sus escamas brillaron y el poder del **Mega Dragón** se activó en un estallido de energía. Agarró a Malacor por el cuello con una sola mano, asfixiando su risa, y a quemarropa le soltó un torrente de fuego blanco puro. El impacto mandó a Malacor a volar por los aires, cruzando el cielo nocturno como un meteoro ardiente hasta perderse en las montañas.
El pueblo quedó en silencio, devorado por el fuego y la lluvia. Spike deshizo su transformación, respirando con pesadez. Caminó cojeando hacia un viejo granero que había resistido el incendio y se sentó en la oscuridad, vendando sus heridas.
Todavía le quedaba un largo viaje por delante.
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spike:el vengador
FanfictionLa ira y la tristeza se apoderan de Spike haciendo que tome un camino que cambiará su vida
