La reina Ember observaba desde el balcón del palacio. A lo lejos, la tensión entre las criaturas de Equestria se respiraba en el aire, acompañada por el eco distante de las constantes discusiones entre Celestia y Twilight. Pero la mente de Ember estaba en otra parte. Sus ojos se fijaban en una fotografía arrugada que sostenía entre las garras: Spike y ella, en tiempos más simples.
-Spike... ¿qué demonios te hicieron? -murmuró Ember, sintiendo cómo la rabia encendía sus escamas mientras miraba hacia la torre de las princesas.
Sin darse cuenta, apretó con demasiada fuerza el papel. Al ver la foto arrugarse, exhaló despacio para calmarse y pasó una garra con delicadeza sobre el rostro del dragón morado.
-¿En qué te convertiste? -susurró con la voz cortada.
Mientras tanto, en la inmensidad del océano, el bote de Spike se adentraba en una zona donde el cielo se oscurecía sin aviso. La penumbra era tan densa que el mediodía parecía una noche sin estrellas. Cada vez que Spike hundía las manos en el agua para remar, el mar salpicaba en destellos de colores extraños, distorsionando la realidad a su alrededor.
De pronto, el aire se congeló. Caminando sobre el agua iluminada, apareció una figura pequeña. Era él mismo, una versión infantil de Spike, con la mirada apagada.
En un parpadeo, el océano desapareció. Spike ya no estaba en el bote, sino en un rincón frío del Castillo de la Amistad.
-Yo recuerdo esto... -dijo Spike, con la voz ahogada.
El Spike pequeño estaba sentado en el suelo, dibujando con tiza en un pizarrón. Había dibujado a Twilight y a sus amigas a un lado, sonrientes y juntas, y en la otra esquina, solo y pequeño, se había dibujado a sí mismo.
-¿Por qué siempre me dejan atrás? -murmuraba el niño entre sollozos, apretando la tiza hasta romperla-. Seguramente es porque no tengo magia. No soy un pegaso, no tengo poderes... Solo soy un pequeño dragón insignificante. Solo se acuerdan de mí cuando necesitan un mandadero.
El Spike adulto caminó lentamente hacia su versión del pasado. Cada paso pesaba como si llevara cadenas.
-Pobre niño... -susurró el Vengador, viendo la espalda temblorosa de su antiguo yo-. ¿Qué hicimos para merecer esto? Siempre estuvimos ahí cuando nos necesitaron... ¿y qué recibimos a cambio? Solo más dolor.
Spike se inclinó y colocó una garra sobre el hombro del pequeño. Las lágrimas, contenidas durante tanto tiempo tras su coraza de odio, finalmente brotaron de sus ojos.
-¿Cómo es posible que nadie nos quisiera? -dijeron los dos al mismo tiempo, rompiéndose en llanto.
Spike abrazó a su yo pequeño por la espalda, pegándolo a su pecho. Los dos lloraron en silencio en medio de ese recuerdo helado, consolando la infancia que les fue arrebatada.
De vuelta en Canterlot, la princesa Celestia daba instrucciones a sus guardias cuando la puerta del salón se abrió. Ember entró con paso firme pero tranquilo.
-¿Puedo hablar un momento con usted, princesa? -pidió Ember.
Celestia miró a sus tropas.
-Retírense. Dénos un momento a solas.
Cuando los guardias salieron, Ember se acercó a la alicornio.
-Princesa Celestia... es sobre Spike.
-Por última vez, Ember -interrumpión Celestia con firmeza-, Spike está fuera de discusión. No voy a permitir que te lo lleves a las Tierras del Dragón.
-No se trata de eso, Celestia -respondió Ember, bajando la cabeza-. Al principio sí... solo quería reclamarlo para mí. Pero me puse a pensar... ¿realmente sería feliz si me lo llevo a la fuerza? De nada sirve tenerlo si él no se siente a gusto. No sé qué demonios le hicieron para que terminara así. Al principio me impresionó ver lo poderoso que se ha vuelto, pero... yo me acuerdo de cómo era antes. Sonreía. Estaba bien.
Ember apretó los puños, conteniendo la impotencia.
- lo que daría por ver esa sonrisa una vez más. Por eso creo que deberíamos pensar en qué es lo mejor para él, antes de seguir decidiendo sobre su vida como si fuera un objeto.
Celestia se quedó en silencio, mirando a través de los cristales del gran salón. Una sola lágrima recorrió su mejilla dorada.
-Tienes razón... -reconoció la gobernante con pesar-. Yo misma lo envié con Twilight a la fuerza sin preguntarle qué era lo que él quería. Solo espero... que no sea demasiado tarde para arreglar las cosas.
Ninguna de las dos notó que, detrás de la puerta entreabierta de la entrada, Twilight Sparkle lo había escuchado todo. Oculta en las sombras, la princesa de la amistad tenía los ojos hinchados y rojos de tanto llorar, apretando los dientes para no soltar un grito de agonía.
-Yo... yo le quité esa sonrisa a Spike -susurró Twilight, sintiendo cómo el corazón se le hacía pedazos.
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spike:el vengador
Fan-FictionLa ira y la tristeza se apoderan de Spike haciendo que tome un camino que cambiará su vida
