Hoy quiero confesar algo, llevo meses conociendo a alguien, observando sus acciones sin que se diera cuenta,
La conocí en un hospital.
Al principio pensé que era una mujer tranquila porque hablaba poco de sí misma, que observaba mucho y parecía estar acostumbrada a cargar cosas pesadas sin pedir ayuda.
Con el tiempo descubrí que no era tranquilidad; era costumbre.
Es la hija mayor de cinco hermanas. Lleva años intentando ser fuerte porque, de alguna manera, siempre creyó que debía serlo. Ama profundamente a sus padres y a sus hermanas, y aunque está lejos de casa, hay algo en ella que sigue viviendo allá: en los abrazos que extraña, en el ruido de su hogar, en sus mascotas y en la seguridad de saber que, pase lo que pase, siempre tendrá un lugar al cual volver.
Estudia medicina. Esta por cumplir siete meses en el internado, pero pareciera que han pasado años. Llegó con miedo, muchos miedos, pensando que no sabía lo suficiente, sintiéndose pequeña en un mundo demasiado grande. La vi llorar en silencio por la presión, por la distancia y por la sensación de no pertenecer. Porque parecia ser que el mundo lo unico que queria hacerle saber es que nunca sabría lo sufiente.
La vi sobrevivir a guardias interminables.
La vi temblar después de situaciones que nadie debería vivir en un hospital. Incluyendo estar en medio de armas, la seguridad de los hospitales nunca será lo suficiente cuando existen personas malas.
La vi cumplir años lejos de casa y sonreír mientras ocultaba cuánto le dolía no recibir un abrazo de su familia.
También la vi cargar con personas que ya no estaban.
Habla de ellas como si todavía vivieran en alguna habitación de su memoria: una mejor amiga que un dia decidio sacarla de su vida, un hombre al que amó durante años, promesas hechas cuando era niña y despedidas que nunca tuvieron un final.
Durante mucho tiempo pensé que su mayor problema era que la abandonaban. Luego entendí que no.
Su mayor problema era que siempre permanecía.
Siempre era ella quien escribía primero.
Quien siempre esperaba.
La que siempre perdonaba.
Siempre era ella quien encontraba razones para quedarse.
Y por alguna razón, eso la convirtió en alguien que siente demasiado.
Sin embargo, ocurrió algo curioso este año: empezó a cambiar.
La mujer con la que convivo ya no llora como antes. No porque haya dejado de sentir, sino porque finalmente comenzó a entender.
Entendió que no todas las despedidas son culpa suya.
Entendió que algunas personas simplemente no saben amar de la forma en que ella ama.
Entendió que olvidar también es una forma de sanar. Y, que poner limites no es ser una mala persona.
Todavía es muy melancólica. Creo que siempre lo será. Hay personas que nacen para vivir la vida intensamente, y ella es una de ellas. Si le preguntas por su pasado, te hablará de un peluche guardado desde la infancia, de cartas que aún conserva y de un estudiante de medicina cuyo nombre olvidó, pero que por un día le recordó que su corazón seguía vivo y que todavia puede sentir demasiado.
A veces creo que le preocupa demasiado quedarse sola. De no formar la familia que sueña.
Yo, en cambio, no estoy tan segura.
Porque he visto cómo mira a su familia cuando habla de ellos. He visto la forma en la que se preocupa por sus pacientes. He visto cómo se emociona por las pequeñas cosas que pasan por su ajetreada vida, incluso las cosas que le terminan doliendo.
Y por esa razon dudo que termine sola, las personas así rara vez terminan solas.
Quizá un día alguien la encuentre y descubra lo que yo descubrí: que detrás de toda esa melancolía existe una mujer increíblemente valiente.
Una mujer que sobrevivió a cosas que jamás debió vivir.
Una mujer que aprendió a levantarse una y otra vez.
Una mujer que pasó años preguntándose si era suficiente, hasta que finalmente dejo de cuestionarse.
Dentro de cinco meses regresará a casa.
Y sospecho que, cuando cruce esa puerta, cuando suba al autobús no será la misma persona que dejó atrás.
Seguirá siendo la mujer que ama demasiado, que escribe para desahogarse y que llora cuando recuerda.
Pero también será alguien más.
Será una mujer que, después de muchos años, finalmente aprendió a elegirse a sí misma.
Y creo que ese ha sido el mayor avance de todos.
Supongo que la he observado tanto que la conozco mas que si misma, que poco a poco comienza a cambiar y que aunque la melancolía nunca la deje, ya no parece asfixiarse por eso, incluso parece ser que aprendio a vivir con ella.
Hoy esta un poco sucio el espejo del hospital, debo pedir que lo limpien para poder observar mejor.
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Esto lo escribo hoy por la madrugada. Hoy es una de esas noches que parecen ser muy largas hasta para una persona que ama dormir, me cuestioné tanto que por alguna razon terminé por escribir esto. He tenido una vida que me convirtió en una persona demasiado sentimental, otros momentos mas dificiles que otros, pero creo que nadie se salva de vivir momentos asi. Lo termino por publicar porque de alguna manera este espacio se convirtio en un sitio el cual puedo expresarme, y porque tambien quisiera dejar esa pequeña huella mia que pueda voltear a mirar en un par de años. Gracias a todas esas personas que me leen, me gustan leer sus comentario bonitos.
- Yadira Rosendo.
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El arte de la escritura
PoesíaPequeños fragmentos que se me ocurren durante el transcurso del día, pensamientos perdidos, sentimientos quizás no correspondidos. Algunas líneas son sacadas de mis propias historias. ... #1 en escritos. 11-04-2021 #1 en escritos. 04-07-2021 #1 e...
