Capitulo 3.

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Una semana entera, 7 días tuvieron los policías para investigar al desconocido que nos atacó, y sigue todo igual que cuando los llamamos el primer día. No tiene caso, no lo van a encontrar y no vamos a saber la identidad de ese hombre, aunque mis dudas me están carcomiendo la mente, lo dejo pasar.

Estos días estuvieron mayormente tranquilos, estuve en la universidad, trabaje en la librería, nada fuera de lo normal. Hoy es otro día aburridamente normal, otra vez la rutina que se repite y repite todo el año. A veces tengo ataques de querer salir de cualquier obligación y horario que tenga e irme. No sé a dónde, ni se cómo, pero irme, y bien lejos. Intente varias veces abandonar este lugar, pero no pude, no tuve el valor para dejar atrás todo. Después de la desaparición de Calum no pude despegarme, literal, de esta casa. Me aferro a ella, a los recuerdos nuestros, a su esencia, a su memoria.

Me decido levantar de la cama, después de estar pensando y pensando toda la noche, como siempre lo hago cuando no puedo conciliar el sueño, y paso por todo mi cuarto hasta llegar al baño. Miro mi reflejo en el espejo, y sinceramente, soy un desastre. El pelo alborotado sin peinar, las ojeras que nunca desaparecen de mi cara, los ojos irritados y rojos por no dormir en días, y la piel blanca pálida que ya asusta.

Decido darme una ducha, siempre sirve para relajarme, despejar la mente y solamente sentir el agua cayendo por mi piel. Me saco la única prenda que tenía puesta y entro a la ducha, regulo el agua y dejo que fluya por mi cuerpo.

Cuando ya termino de prepararme y estar un poco más presentable decido salir, normalmente salgo para ir a la universidad, a la librería y al café, no salgo ni a discos ni fiestas, tampoco a pasar el día en algún parque de atracciones, parezco aburrido pero en verdad no me llama la atención, disfruto más la comodidad de mi cuarto, aunque hay veces que me siento asfixiado con mis pensamientos interminables y palabras punzantes que pasan por mi mente.

Esta vez voy a ir al café, porque en la Liberia hoy le toca a Luke el turno de mediodía y tarde. Me refiero al café como un único lugar porque siempre voy al mismo café, no hay un día en donde no entre allí y pida lo mismo de siempre, lo mismo que pedí la última vez que fuimos con Calum. A la misma mesa, con la vista a la ciudad, ver los autos ir y venir, las luces y los ruidos interminables, las millones de conversaciones de personas caminando, millones de pensamientos e historias que pasan por esa vereda. Y mi historia, con el final que no esperaba, un final que parece interminable, una historia sin un fin, densa y pesada que se vuelve cada vez más insoportable día a día.

Después de hacer el camino de mi casa al café por fin llego, abro la puerta de entrada e ingreso.

-Hola Ally

-Hola Mike, ayer no viniste, ¿Paso algo? – Me pregunta Ally, la dueña de este lugar, ya somos amigos, vengo todos los días sin falta y entiende por qué lo hago.

-Problemas en casa, nada para preocuparse – Le sonrío y me encamino para la mesa que ocupo siempre, ya tiene mi nombre marcado. Bueno, no literal, pero todos de alguna forma saben que esa mesa siempre la ocupo yo.

Estoy en camino cuando veo algo raro. Con algo raro me refiero a que veo a una persona ahí sentada, ocupando mi asiento, me sorprende porque todos aquí saben que ese lugar está ocupado. A medida de que voy avanzando veo con más claridad, es una mujer, esta de espaldas pero puedo ver el cabello castaño claro bajando por un poco de su espalda, creo que está leyendo algo porque se reclina sobre la mesa con la cabeza un poco gacha, por lo poco que veo digo que es una mujer joven, no menor que 17 años pero tampoco mayor que 23.

-Hola, ¿Puedo hacerte una pregunta, además de la que te estoy haciendo ahora?

No sé de dónde saque tanto valor, pero lo hice y cuando le hable levanto su mirada hacia mí. Piel clara, ojos marrones miel, parte de su nariz y pómulos salpicados de diminutas pecas. Me miro confundida, pero contesto:

-Hacer dos preguntas es demasiado atrevido para la primera vez que hablas con una chica, ¿No?

-Puede que sí, pero tampoco es que soy mucho de seguir lo 'correcto' y lo 'debido'

-Estas en sociología, sin dudas

-El que hace las preguntas ahora soy yo, muchacha sin-nombre

-Que vos no sepas mi nombre, no significa que no tenga, señor ego – Sonrío ante la extraña conversación que estamos teniendo y le digo:

-El punto es, como ya sabes que estudio sociología, estoy haciendo un proyecto que consiste en Los prejuicios de la sociedad ciega, estoy yendo por bares, lugares públicos en donde las personas pueden interactuar, preguntando lo mismo, obteniendo respuestas y haciendo estadísticas.

-Muy interesante, la verdad. Estoy muy intrigada, ¿Voy a ser parte de ese proyecto? – Dice en tono sarcástico haciéndome burla.

-Es que si, vine a hacerte la pregunta que dice así: ¿Si se te acerca un joven adolescente, de 19 años aparentemente, con un piercing en la ceja, con tatuajes en su cuerpo y una hermosa campera de cuero parecida a esta, - Señalo la campera que traigo puesta – y te pregunta si puede tomar asiento en tu misma mesa, ¿Que le dirías?

-Podría pensarlo, pero depende...

-¿Depende de qué?

-Depende si este mismo chico me invita un café, por lo menos

-Entonces que suerte que traje dinero para dos – Me sonríe abiertamente y niega con la cabeza, cerrando su libro. Por mi parte, no puedo parar de sonreír, como hace bastante tiempo no hacía.

Tomo asiento al frente de ella, y supe que algo había cambiado, puede ser que después de todo haya alguna esperanza para mí.


famous last words; m.g.cDonde viven las historias. Descúbrelo ahora