Hoy estaba en la biblioteca y tú te has sentado frente a mí. Fingí no verte y seguí con mi lectura, me quede toda la tarde hasta que cerraron el lugar.
Cuando estaba cerrando mi libro tú te levantaste de tu silla, tomaste tus cosas y me entregaste una hoja con tu número, después te fuiste de ahí caminando tranquilamente.
No miraste atrás ni una sola vez.
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Atenea.
RomansaDespués de Afrodita pensé que no vería a otra mujer tan hermosa como ella. Y luego te encontré. Tú eras bella e inteligente ¿Qué más podía pedir? Háblame, Atenea. Ilumíname con tu sabiduría. ........................... Prohibida su copia o adaptació...
