Capítulo I

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—Vamos a necesitar un compañero de piso- anunció Ashton—.

—¿Qué?— preguntó confundida Scarlett—.

Ambos se encontraban cenando en la barra de la cocina del departamento. Ese día la cena le tocaba a Scarlett, por lo que estaban comiendo sándwiches de jamón y queso calentados en el microondas. La castaña era conocida por poder tomarse una jarra de lo que sea en segundos, no por sus habilidades culinarias.

—La renta cada vez es más cara, y lo mismo con la universidad. Nos ahorraríamos mucho dinero con un compañero de piso— explicó él, mientras publicaba un anuncio de "se busca compañero de piso" en internet. Algo que lo caracterizaba mucho era que solía hacer las cosas sin el permiso de los otros, por lo que era normal que la gente se enojase con él. Todos excepto Scarlett, ella se había acostumbrado hace mucho tiempo—.

—De todas maneras, ¿donde dormirá? No hay lugar— dijo ella mientras mordía su sándwich-.

—Bueno, podrías sacar todas tus mierdas de la habitación del final del pasillo— recomendó Ashton—.

Aquella habitación había empezado como un cuarto de huéspedes, pero Scarlett lo había convertido en su propio basurero. Nadie sabía exactamente qué había allí, ni siquiera ella. "Una mezcla de ropa vieja, libros y cosas inútiles" era la definición de Scarlett. "Un desorden de condones usados, botellas vacías y otras basuras" era la de Ashton. Ambos estaban en lo cierto.

—Para tu información, hay cosas bastante importantes ahí adentro— puntualizó la castaña—.

—¿Ah, sí? ¿Cómo qué?— dijo divertido mientras veía a su amiga fruncir los labios y arrugar la nariz. Eso era lo que hacía cada vez que tenía que pensar mucho. En cambio, cuando era Ashton el que pensaba, él se quedaba viendo a un punto fijo por un largo rato. A veces daba miedo—.

—Como...— paró ahí, porque no se le ocurría absolutamente nada—. No lo sé, pero seguro que algo hay.

—Te apuesto cincuenta dólares a que no encuentras nada importante— dijo el chico—.

—Acepto.

Y así Scarlett terminó su sándwich y se fue directo a ordenar aquella habitación. Ashton y Scarlett se conocían desde hace mucho tiempo, por lo que él sabía perfectamente cómo manipularla. El chico había aprendido hace varios años que el punto débil de su amiga eran las apuestas: siempre que alguien le apostaba algo, ella sentía la inmensa necesidad de ganar.

De todas maneras, el morocho también sabía muy bien que no le gustaba la idea de tener un nuevo compañero, y mucho menos lo de limpiar su basural.

[...]

—Uhm... ¿Chicos?— se escuchó la voz de la nueva compañera de piso de Ashton y Scarlett desde el pasillo que comunicaba las habitaciones y el living-comedor—.

Los amigos se encontraban sentados en el sofá en forma de L, aunque, bueno, mejor dicho, Ashton estaba sentado en el sofá y Scarlett se había acostado sobre él. Effy había llegado hace menos de treinta minutos, pero había preferido ordenar su habitación antes de hablar con sus nuevos compañeros.

—¿Qué pasa?— preguntó el chico con un tono amable—.

—Uhm... Bueno, estaba poniendo mi ropa en el armario y encontré una caja con... Uhm... Bueno, con revistas pornograficas— al decir eso, tanto Ashton como Scarlett estallaron en carcajadas, pero el morocho estaba algo confundido, al contrario que Scarlett, que pensaba "¡con que ahí estaban!"—.

—Oye, Ash, ¿recuerdas aquella vez que tu colección de revistas Playboy desapareció mágicamente?— habló Scarlett con un tono divertido—.

—Ajá..— respondió éste, imaginando lo que podría haber pasado con sus revistas—.

—Bueno, no desaparecieron. Están en el armario— finalizó la castaña con una sonrisa divertida—.

—¡Mis amores! ¡Papi está yendo a buscarlas!— gritó Ashton mientras tiraba a su amiga al piso y corría hasta la habitación de Effy. Hace mucho tiempo que no veía sus revistas, y las extrañaba horrores—.

Effy se sentó en el sillón y Scarlett aprovechó para sentarse cerca suyo. La nueva inquilina era morocha y con ojos celestes -pero color azul oscuro en el borde del iris-, de tez muy blanca y con pecas cubriendo su rostro. En cambio, Scarlett era una castaña de ojos verde esmeralda con tonos color miel alrededor de la pupila, de tez ligeramente bronceada -debido a que era bastante hiperactiva y le encantaba el aire libre, pero nunca había logrado obtener un tono de piel muy bronceado- y cejas gruesas.

—Bueno... Effy, ¿ese es tu nombre completo?– preguntó Scarlett, intentando sacar un tema de conversación. Hablar con desconocidos siempre le había resultado fácil, pero cuando alguien le caía mal, la tarea se complicaba. ¿Por qué le caía mal Effy? Bueno, era por su culpa que ella había tenido que estar un día completo limpiando la habitación de huéspedes, y a Scarlett no le agradaba que le den mucho trabajo. Esa chica podía ser muy hiperactiva y perezosa a la vez—.

—No, en realidad mi nombre es Effandra Roxane Humphrey— respondió con una sonrisa tímida, y en menos de tres segundos comenzó a reír tímidamente—. Es broma, solo soy Effy Humphrey.

—Ajá...— dijo la castaña no muy convencida de si eso debía haberle causado gracia. Se levantó del sofá y se dirigió a la cocina para prepararse alguna comida. Demasiada charla por hoy—.

Effy se entristeció, puesto que ella quería caerle bien a sus nuevos compañeros. Lo que ella no sabía era que tanto Ashton como Scarlett sólo se sentían cómodos el uno con el otro, ya que fueron lastimados en el pasado. Era muy difícil caerle bien a esos dos, a menos que te presentes diciendo "hola, tengo alcohol, ¿quieren venir a mi fiesta?" -y aún así habían muchas posibilidades de que vayan a tu fiesta y no te vuelvan a hablar nunca más-.

Establecer un vínculo con ellos iba a ser la meta de Effy. Necesitaba amigos en la ciudad, amigos verdaderos. No quería que pasara lo mismo que en Londres: tenía dos amigos y solo se juntaban para estudiar. Effy era muy aplicada, pero no era estupida; sabía que la vida no se basaba en libros y horas de estudio, necesitaba disfrutar sus años de universidad yendo a fiestas y haciendo amigos -soñaba con todo eso, pero nunca tuvo el coraje de hacerlo-.

—¡Ashton! ¡¿Tienes aspirinas?!— la voz de Scarlett interrumpió los pensamientos de la morocha. Su compañera de piso se encontraba en la puerta de la cocina con una porción de pizza de pepperoni en su mano derecha, mientras sostenía su frente con la izquierda—.

—¡No! ¡Te las has tomado todas, maldita borracha!— respondió el morocho desde su habitación. Sólo Dios puede saber que estaba haciendo encerrado allí -aunque Scarlett también lo sabía-. Hombre + revistas porno = ...—.

—¡¿Se puede saber a qué ha venido lo de borracha?!— volvió a gritar la chica. Cada grito hacía que su pobre cabeza explote, pero no estaba dispuesta a acercarse a la habitación de su amigo—.

—¡A que te emborrachas siempre y te tomas mis aspirinas por la resaca!— en eso tenía razón. Habían veces en las que Scarlett se tomaba diez aspirinas en el día con la esperanza de que el dolor de cabeza se vaya—.

—Yo tengo aspirinas— hablo Effy—. ¿Te duele la cabeza por algo en especial?

—Ehh... Por la resaca— respondió Scarlett de mala gana—. Pero, deja, no hace falta— ignoró a la morocha, que estaba sacando una tableta de aspirinas de su bolso—.

Es verdad, Scarlett necesitaba aspirinas en ese momento, pero nunca fue capaz de aceptar cosas de la gente que le caía mal, y no lo haría ahora.

Y así pasó el día, Ashton encerrado en su habitación, Effy sentada en el sillón con su laptop y Scarlett escondida bajo las sábanas de su cama esperando que su jaqueca se pase.

Until I Fall AsleepDonde viven las historias. Descúbrelo ahora