Capítulo 1

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Me desperté por el exquisito aroma de unos panqueques recién hechos. Atrapada por esa magnífica esencia, retiré las sábanas de mi cama y bajé en mi pijama hacia la cocina.

—Buenos días mami—. Me acerqué y le dejé un sonoro beso en la mejilla.

—Buenos días Cielo—. Me respondió con una sonrisa. Tomé el plato de los panqueques, lo coloqué en medio de la mesa. Me giré a la nevera y saqué la miel, la mermelada y mi preciada nutella. Cuando mi madre se sentó yo también lo hice. Miré la silla de mi padre y una lágrima se me escapó al recordar que ya nunca más lo vería, ni ahí, ni en ninguna otra parte de la casa. La limpié con la manga de mi camiseta y empecé a comer en silencio. Ahora así serían los desayunos, vacíos, silenciosos y me pregunté hasta cuando se iría ese olor a ausencia que tanto flotaba por el ambiente. Terminé, esperé a que mi madre acabara y cuando lo hizo, tomé todos los platos y los puse en el fregadero. De todas las cosas relacionadas con la limpieza, lo que más odiaba era lavar los trastes, pero ahora, esa era mi única salida para llorar a papá sola.

El agua empezó a correr como las lágrimas en mis ojos, como la lluvia de aquél día. Lavé rápido, obligué a mi mente a pensar en otras cosas y volví a subir a mi habitación. Tomé una ducha rápida, una playera holgada, me puse mis shorts y mis dos tenis. Peiné mi cabello en una coleta alta y bajé para encontrarme a mamá ya lista para irse al trabajo. Me partía el alma verla así, ella escapaba de la misma manera que yo, trabajando. Solo que ahora, mi pesar era más cansado porque aún me quedaba tiempo de vacaciones.

—Ahí hay pasta por si quieres hacerte o sino, también hay pollo. Comes por favor, vuelvo en la noche ya sabes que cualquier cosa me llamas a mi celular cariño—. Explicó de manera rápida.

—Mamá de hecho... pensaba salir—. Observé cómo su boca se abría en una notoria "Oh" pero no dijo nada, solo asintió. Besó mi mejilla y salió de la casa. Su trabajo está en el centro de la ciudad, es un hospital sencillo, es enfermera quirúrgica ahí. Subí nuevamente a mi recamara por mi celular y mi cartera cuando escuché el timbre sonar. "Qué raro" pensé, mi madre no olvidaba sus llaves nunca.

"Tal vez estaba pensando en tu padre" dijo una vocecilla en mi cabeza. Tomé mis cosas y bajé. El timbre volvió a sonar y grité un "¡Ya voy"! antes de abrir la puerta. Examiné a mí alrededor buscando las llaves pero no las encontré, el timbre insistió y mi paciencia se esfumó. Me dirigí a la puerta refunfuñando por tanta insistencia y puedo jurar que mi mandíbula cayó al suelo, mis ojos se agrandaron ante la sorpresa pero solamente por un instante. Cuando me recuperé de la impresión, fruncí los labios, el ceño y achiqué los ojos para demostrarle mi total desconfianza. Él por otro lado no hizo más que analizarme de arriba a abajo, algo que me hizo enojar aún más.

—Hola Angie—. Dijo con una sonrisa coqueta

—William, si querías encontrar la casa de la morena de la pista, te aseguro que no es aquí—. Respondí cortante y dispuesta a cerrar la puerta cuando él metió su pie, evitando que yo cumpliera mi cometido.

Abrí la puerta dándome por vencida y viendo la cara de quien estaba enfrente.

—Oh querida Angie, estoy seguro a casa de quién vine—. Esbozó otra arrogante. Sacó la mano que tenía detrás de la espalda y extendió un ramo de rosas rojas hacia mí. Gesto que me hizo achicar los ojos, nuevamente. —Unas bellas flores para una bella flor—. Rodeé los ojos ante tal comentario. Ahora sabía que realmente él tenía un diminuto cerebro en funcionamiento. —Se supone que ahora debes aceptarlas—. Dijo apretando los dientes. Atrás de la calle, en la casa de mi vecino de enfrente lo vi salir, creo que mi vista fue muy penetrante porque el alzó la vista y tal como yo reaccioné primero, abrió los ojos ante la sorpresa. Volví a mirar a William y pronuncié fríamente.

— ¿Qué quieres?—. Crucé mis brazos en señal de exasperación

— ¡¿Crees que te regalo flores porque quiero algo?!—. Asentí con la cabeza cínicamente. —Maldita sea, sólo deberías aceptarlas—. Contestó furioso.

—Maldita sea—. Traté de imitar su voz. —Tú no me regalas flores

— ¿Acaso tienes una lista de quién puede y quién no puede, regalarte flores?

— ¡Oye buena idea!—. Grité con una sonrisa sarcástica. —Espera aquí, iré por una hoja y una pluma—. Me giré hacia el interior de mi casa cuando un tirón en mi brazo me hizo volver a la puerta. — ¡Suéltame!—. Grité hecha una furia

—Acepta las flores y me iré—. Contestó tranquilo, de mala gana lo hice. Tomé las flores y las dejé en la barra de la cocina. —Oye tu casa es muy hermosa—. Mencionó a mis espaldas

— ¡¿Qué haces?!—. Espeté frenética. — ¡Salte de mi casa ahora!

— ¿Contigo siempre son gritos?

—Bien William, acepté tus malditas flores para que te vayas de mi casa, así que ahora vete—. Traté de sonar tranquila. Pude ver que su mirada se tornó confusa y tal vez decepcionada pero vamos, es William Boster, él no se preocupa cuando deja chicas llorando por ahí. Se marchó con la cabeza agachada provocando una punzada de culpabilidad en mi estómago. —Eh William.... —Susurré con la intención de que no me oyera pero fue lo contrario, me escuchó y dio la vuelta hacia mí. Cuando sus ojos color miel se fijaron en mí, me sentí nerviosa así que bajé la vista jugando con mis dedos. —Iba de salida cuando llegaste así que...—Maldita sea, ¿por qué me estaba resultando tan difícil?— Si quieres puedes acompañarme, planeaba ir a la pista de patinaje un rato

Él lo pensó, o eso aparentaba. La verdad, para mí era cuestionable que él pudiera pensar con ese diminuto cerebro de camarón que tenía en la cabeza, pero aun así quise imaginar que él pensaba porque se puso una mano en la barbilla analizando mis palabras. —No traje mi patineta pero me gustaría pasar tiempo contigo.

"me gustaría pasar tiempo contigo" Cinco palabras que retumbaron en los interiores de mi cabeza. 

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Hola!!! 

Quiero dejarles otro capítulo en el mismo día para quienes se tomaron la molestia de leerlos, quiero hacerles saber que me honra y me hace muy feliz tener su apoyo. Sé que tal vez la trama de la historia es muy conocida o es un cliché, pero en verdad, descubran lo que hace única a esta historia. De nuevo gracias por su apoyo. Y aprovecho para poner en multimedia cómo me imagino al querido William.

pd: Si alguien tiene una foto mejor, acepto sugerencias :3

                                                                                                                                           Naht

Antes del JuevesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora