Al abrir los ojos, vio las primeras luces del alba filtrarse levemente por la negra cortina de la ventana y se quedó mirando el infinito al mismo tiempo que escuchaba las voces retumbar con fuerza dentro de su cabeza. A aquellas alturas, para una persona normal ya estaría con un insoportable dolor de cabeza, pero ninguna consecuencia surcó efecto en él, más si Killian resultara no ser una "persona normal".
Sangre. Matar. Muerte. Sangre. Matar. Muerte.
Escúchanos, Killian. Escucha lo que tenemos que decirte.
—No te preocupes, te escucharé hasta la eternidad —Respondió el rubio con serenidad mientras que se levantaba e intentaba peinar con sus dedos o al menos hacer que su cabello no se viera demasiado rebelde—. Así que pueden estar tranquilos.
Suspiró y fue hacia el baño con las burlonas risas acompañándole, no obstante, el sonido de una puerta abrirse atrapó su atención como un cazador al conejo. Desvió lentamente su indolente mirada hacia donde había provenido el ruido y se encontró con Caroline Larzac en el marco de la puerta con la mirada baja. Killian no iba a ser el primero en hablar y al ver que un silencio los estaba rodeando por demasiado tiempo, decidió dar media vuelta para entrar en el baño. Cerró la puerta detrás de él y no perdió demasiado tiempo en desnudarse, meterse en la bañera y dar una relajante ducha. Volvió a suspirar con profundidad, mantuvo los párpados cerrados y con la mente fría repasando alrededor de unas veinte veces el plan que habría de ejecutar hoy para satisfacer la sed de sangre tanto para él como para sus voces. Aquel tipo de pensamientos lo entretuvo tanto que sin darse cuenta ya se había vestido, por lo que se dirigió a su escritorio y encontró su libreta negra escondida de entre sus muchos otros libros. Puso los objetos dentro de su mochila y como siempre, sin despedirse o saludar a sus padres que almorzaban en el comedor, se encaminó hacia la escuela. El motivo por el cual no había ido en coche era porque prefirió caminar alrededor de unos diez minutos a tener que soportar el fuerte hedor de la colonia de sus progenitores inundar sus fosas nasales en todo el trayecto.
Una vez que hubiera llegado a dicho lugar, entró y se dirigió a la clase de psicología entretanto arrastraba los pies cual desinteresado vago. Se sentó en su respectivo sitio, apartado de la multitud y cerca de la ventana, al menos así podría perderse en sus pensamientos sin que nadie le molestase o que le reprendiera el profesor por cualquier estupidez, su poca actividad u otras cosas que no le eran relevantes. Miró el paisaje que hoy mostraba su ventana y sonrió con saber que por la tarde también llovería como ayer. Sin embargo, su mueca no duró demasiado cuando escuchó los pasos de los otros alumnos entrar en el aula, sentarse cerca de sus amigos y hablar demasiado alto, lo cual aquello le molestó un poco a Killian. No era porque tuviera la necesidad de hablar con alguien, simplemente le era muy irritante los ruidos fuertes a primera hora de la mañana, más si aquellas cuatro paredes hacían que el sonido se incrementara a medida que avanzaban los minutos. A pesar de que estuviera asqueado interiormente, mantenía su apático rostro intacto, hasta que alguien desde atrás, tomó sus mejillas y las estiró hasta que se formara una sonrisa forzada.
—Buenos días, Killian —Susurró melodiosamente Cassiopeia a los oídos del rubio y sin esperar a que el contrario apartara sus suaves manos con un poco de brusquedad, se apartó del muchacho sorprendida—. Veo que hoy no estás de humor. —Comentó sonriente como solía aparecer por las mañanas: reluciente como el mismo sol, pero abrasador cual fuego.
—No es de tu incumbencia—Dijo calmado aun con la mirada fija en el vidrio de la ventana, empero, las delicadas manos de la chica volvió a tocar la misma zona, solo que esta vez le hizo desviar la mirar hacia sus brillantes ojos verdes—. Apártate. —Dijo ya cansado de la insistente actitud de la pelirroja y por su acercamiento.
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El canto de la Sirena y la lengua de Serpiente
HorrorHay solo dos tipos de manipuladores que no somos capaces de percibir de entre muchas personas que nos rodean: la Sirena y la Serpiente. ¿Quieres saber cómo identificarlos? ¿Quieres saber qué tipo de trucos utilizan? ¿Quieres saber cómo escapar de en...