La selección

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La tensión en el ambiente era tan pesada que la única forma de describirlo sería como decir que se encontraban en una habitación sin oxigeno, con tres veces la gravedad de la tierra y un elefante saltando sobre sus cabezas.

Para Abraxas Malfoy cuidar de Hyperion era una prioridad. Su hermano sabía poco o nada del mundo y muchas veces pecaba de ingenuo, así que no lo culpaba por acercarse a cualquiera con una sonrisa, mientras que no le costaba nada enojarse con el otro por permitirlo.

Tom Riddle no era un chico muy sociable, en realidad no tenía ningún amigo ni nadie cercano a quién llamar familia. Estaba acostumbrado a la soledad y un poco al desprecio. Si hay que ser honesto debía admitir que el chico sobre su hombro hasta hoy había sido la única luz cálida que había recibido todo este tiempo en la oscuridad. Hyperion había cruzado rápida y poderosamente una barrera en el corazón de Tom, que nadie volvería a cruzar. Así que cuando escuchó al rubio hablar una vena posesiva saltó en su interior.

Abraxas ya se encontraba sacando lentamente su varita listo para atacar, y Tom también lentamente estiraba la mano par alcanzar la suya cuando repentinamente el menor despertó. Así que ambos reprimieron su deseo de pelear.

—¡Ya haz llegando! —dijo con emoción el pequeño de ojos azules— han venido las chicas de la familia Black a saludar hace rato, ¿por qué tardaste tanto?

—Me encontré con el idiota de Potter y su séquito de retrasados mentales.

—¿Cúando vas a dejar de pelear con Fleamont?

—Cuando los dragones caguen chocolate.

—Que asco, deja de decir esas cosas o le diré a mamá.

—Por favor, esto no cuenta como mala palabra. Como sea, hablando de chocolate, te traje todas las ranas del carrito.

Y durante las siguientes dos horas Hyperion parecía volar en una nube color rosa mientras devoraba con gran felicidad los cuatro kilos de chocolate que Abraxas le trajo ignorando olímpicamente el aura de oscuridad que se alojaba en el compartimiento.

Mientras tanto a unos tres vagones de distancia cuatro chicos de tercero y uno de quinto, que se encontraban guardando una caja entera de bromas caseras en la mochila de uno que jamás había tenido nada que ver con las mismas. Orión Black, Algie Longbottom, Fleamont Potter, Ignatius Prewett, y Septimus Weasley.

—Bueno, el trato esta completo Black —dijo el único chico que usaba gafas— si nos delatas...

—No lo haré Potter —gruñó Orion Black interrumpiendo al otro—, me conviene tanto como a ustedes, es hora de retirarme, no quisiera que me atraparán hablando con basura de Gryffindor —tomó la mochila con prisa y la colocó sobré su espalda a la vez que abría la puerta del compartimiento—, fue un asco hacer negocios con ustedes.

—Tengo la sensación de que pudimos ser buenos amigos  —mencionó Fleamont con una gran sonrisa justo antes de que el otro saliera azotando la puerta— que temperamental.

—Ahora que terminaron de pactar con el demonio ¿podrían simplemente ir tranquilos el resto del viaje? —preguntó Ignatius Prewett— Ya se divirtieron mucho jugándole bromas a los Slytherin, peleando con Malfoy y haciendo tratos con Orion Black.

—¿Pero Ignatius que sugieres que hagamos con tanto tiempo libre? Es como si le pidieras a Walburga Black besar a un muggle o a tu prima Muriel ser amable.

—Oh cállate  Longbottom...

—Si Algie, obedece al prefecto perfecto.

—También cierra la boca Septimus Weasley.

El Mejor amigo de Tom RiddleDonde viven las historias. Descúbrelo ahora