Desorientada. Así es como definiría como se sentía en aquel momento. Desorientada. Su primer impulso fue coger el móvil: sin cobertura. No podía quedarse allí, pero tampoco sabía a donde ir. Hacía muchísimo frío. Decidió caminar por la carreta por donde vino. Camino y camino hasta llegar a un cruze. No conseguía recordar por donde giraron cuando iba en el coche. Escogió la izquierda. Camino, camino y camino. Parecía que la carretera no tenía fin. Las piernas le temblaban. Notó un leve mareo. De pronto, oyó un ruido a sus espaldas. Al girarse pudo divisar la luz de unos faros que se iban acercando. Su primer pensamiento fue pedir ayuda, pero lo borró de inmediato. ¿Y si era él? Aunque no lo fuera ¿Era buena idea montarse en el coche de un desconocido? Siguió caminando cabizbaja con la esperanza de que el vehículo pasara de largo. Y parecía que iba a ser así hasta que notó que aminoró la velocidad cuando llegó a su altura. Ella siguió caminado, pero pudo ver de reojo que era una furgoneta. La ventanilla del conductor se bajo y alguien se asomó.
- ¡Oye! ¿Estás bien? - Pregunto una voz masculina.
- Si, estoy bien - Le contesto sin apartar su mirada del camino.
- ¿Qué haces aquí sola? - Pregunto el hombre extrañado.
- Caminar ¿No lo ves? - Contesto de forma brusca.
- Mmm... ya ¿Y a donde vas? - Trató de acelerar la velocidad para ver el rostro de la joven.
- A Stturgart - Dijo con la mirada fija en el asfalto.
- ¡¿A Stturgart?! - Soltó sorprendido. - ¡Vas en dirección contraria!
- ¡¿Qué?! - Gritó parándose en seco y miró atrás - Mierda... - Susurró alzando su mano derecha para posarla sobre su boca.
La furgoneta se paró. Sara se giró hacía el vehículo donde pudo apreciar que aquel hombre parecía mucho más mayor, algo delgado y con gafas.
- Espera... ¡¿Estás herida?! - Se alarmó al ver que el rostro de la joven se teñía de rojo.
- ¿Qué? - Estaba aturdida.
- Tu rostro - Le señaló.
Alzó su mano derecha nuevamente para tocar su cara y al retirarla vio que sangraba. Pero la sangre no provenía de su rostro, si no de los cortes que se causo al coger el trozo de cristal. Lo había olvidado por completo. Parecían profundos. Se quedo sin poder reaccionar.
- Déjame que lo vea - Dijo a la vez que abría la puerta de la furgoneta para bajar.
- ¡No! - Gritó dando unos pasos hacía atrás - ¡No te acerques!
- ¡Tranquila! - Se paró en seco, y volvió a cerrar la puerta despacio. - Tranquila... tranquila...
- Estoy bien - Dijo mirando a su alrededor - Solo tengo que volver a casa.
- ¿Y piensas volver caminando? Llegaras al amanecer. Si es que llegas con éste frío. Mi casa esta cerca de aquí. Allí tengo un botiquín. Stturgart está a casi dos horas en coche. Déjame curarte y luego te llevo de vuelta a tú casa. - Le dijo tratando de mirarla a los ojos.
Sara no sabía que hacer. Se encontraba entre la opción de seguir vagando por la carreta o fiarse de ese hombre que le brindaba ayuda.
- Por cierto, me llamo Cristhian ¿Y tú? - La señaló esperando una respuesta.
- Sara - Dijo cabizbaja.
- Vale, Sara... no se que te habrá ocurrido, aunque intuyo que nada bueno, pero creeme cuando te digo que quiero ayudarte. - Continuaba intentando mirarla a los ojos.
Sara alzó la vista. Aquellas palabras le parecieron sinceras. Respiro hondo y asintió con la cabeza aceptando su ayuda. Cristhian le hizo un gesto con la mano para que subiera. Abrió la puerta del copiloto y antes de sentarse vio que atrás habían muchas cosas, como: bolsas, una maleta y un par de maletines rectangulares. Él encendió el motor y condujo unos cinco minutos, donde giraron a la derecha para entrar a un camino de tierra. A lo lejos había una gran casa. Constaba de tres plantas y la entrada tenía sitio para aparcar varios vehículos. No había luces encendidas. Aparcó en lateral cerca de la puerta principal.
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Y de repente, vosotros (Editando)
Random"Sara, una joven que trata de encontrarse a sí misma, emigró a Alemania hace dos años para trabajar. Su día a día como camarera en un pub de Stturgart transcurre con normalidad, hasta que una noche ocurre algo que cambiaría su vida para siempre"