Dicen que el poder exige sacrificios.
Pero nadie habló de lo que ocurre cuando el sacrificio es el amor.
•2ª Temporada ya disponible en mi perfil «𝕴 𝖇𝖊𝖈𝖆𝖒𝖊 𝖍𝖎𝖘 𝖘𝖓𝖆𝖐𝖊»
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NARRADOR OMNISCIENTE
Tres, movidos, años después.
Tres años.
Tres años podían parecer poco dentro de un castillo que lleva siglos en pie mirando cientos de generaciones pasando por sus aulas.
Para quienes crecían dentro de él, habían sido suficientes para cambiarlo casi todo.
Pryxtine Black ya no era la niña que había llegado a Hogwarts aferrándose a la curiosidad de conocer un mundo que, hasta entonces, solo había imaginado. Había aprendido a moverse por los corredores como si siempre le hubieran pertenecido, a discutir con profesores cuando estaba segura de tener razón y a reconocer qué escaleras convenía evitar cuando llegaba tarde. La atención de todos estaba fija en ella, resaltaba académicamente, la pureza y linaje de su sangre, pero sobre todo, aquella belleza y carácter únicos que hacía que la atención a su alrededor sea naturalmente solo para ella.
Durante aquellos años, Pryxtine también había desarrollado un interés que prefería mantener lejos de las miradas ajenas.
Las Artes Oscuras.
No les tenía la repulsión inmediata que muchos profesores parecían considerar apropiada. Tampoco sentía la fascinación casi reverencial que despertaban en algunos alumnos de Slytherin.
Lo que tenía era curiosidad. Una demasiado peligrosa pero tentadora.
Pryxtine nunca había comprendido del todo la lógica de prohibir un conocimiento y esperar que la ignorancia protegiera a alguien de él. Una maldición no dejaba de existir porque ella desconociera cómo funcionaba. Un mago dispuesto a utilizarla tampoco se volvería menos peligroso porque Pryxtine hubiera decidido mantener las manos limpias.
Así que decidió aprender.
Primero había sido la teoría. Contramaldiciones. Objetos encantados. Pociones restringidas. Formas de reconocer rastros de magia particularmente agresiva.
Después quiso saber más.
Algunas noches abandonaba los dormitorios cuando el castillo quedaba en silencio y encontraba la manera de entrar en la Sección Prohibida. Nunca retiraba demasiados libros a la vez. Nunca repetía exactamente el mismo recorrido. Y jamás conservaba uno durante más tiempo del necesario.
Había aprendido rápidamente que esconder conocimiento requería tanta disciplina como adquirirlo.
Frente a los profesores y compañeros mantenía aquel interés bajo una cuidadosamente construida apariencia de indiferencia. Sabía lo suficiente sobre los Black para comprender lo peligroso que podía resultar permitir que otros conocieran todas sus capacidades.