Iv; Lagunas perdidas
La escuela era muy aburrida, pues siempre hacíamos maniobras, pero lo mejor de esta academia era mis estúpidas lagunas perdidas.
Raydan siempre estaba ocupado y apenas pasaba por la habitación solo para dormir.
Una mañana me desperté a las cinco y como me aburría baje a desayunar, pero el comedor estaba desierto, pero de todas maneras me serví un plato de huevos con Bacon.
Antes de que sonara la maldita trompeta ya estaba despierta, pero no me inmute cuando todo el comedor se empezó a llenar de gente, pues estaba leyendo cosas sobre El Partenón de Atenas.
Cosas variadas de las cuales solo me quedo claro que está dedicado a la diosa Atenea.
En ese momento entró Raydan se sentó en frente de mí, pero ni siquiera cruzamos palabra y mis lagunas pérdidas son porque no recuerdo mi verdadero nombre.
Mi madre en la carta me dio algunos indicios de que podía ser un nombre griego, pero no logro encontrar ninguno que me concuerde con mi perfil, pues las diosas griegas solían ser hermosas y yo no lo soy, pero tampoco soy del tipo de chicas que se creen que pueden tener a cualquier chico, pero recuerdo que una vez en un mosqueo con Raydan él se lo dijo a la rubia bajita de clase llamada Laura.
Aquel día nuestro jefe nos mandó a los dos a limpiar nuestras armas, pero todos sabían que al estar cerca de él me ponía intranquila e insegura, pues no sé qué quería demostrar él , pero ese carácter frio y misterioso era lo que más hacia que me enamorara de él aunque él no lo estuviese de mi.
