Carta VI

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No sabes cuan apenada me sentía cuando me dijiste por primera vez que mis ojos te gustaban.

Cuando me preguntaste: "¿Recuerdas la vez que te dije que te odiaba?"
Nunca lo preguntaste, te respondí que no.
Y tú me dijiste : "Porque nunca te lo pregunté, no te odio para nada, eres muy tierna."

O la vez que me preguntaste exactamente lo mismo, pero esta vez yo estaba junto a ti, dijiste exactamente lo mismo, ¿Qué cambió esta vez?, me abrazaste y después de un rato dijiste: "No podría odiarte."

Muchos dicen que el amor es ciego, otros dicen que uno se vuelve tonto.

Yo solía pasarte la tarea, a veces tú solias pasarmela.
Recuerdo la vez que mentiste para que te la pasará, dijiste que te pasará lo que yo tenía y tu me pasarías lo que ya tenías.
¿Tu mentira? No tenías nada.
Terminaste confesandolo todo.

Tal vez el amor me volvió tonta, porque incluso eso me hacía reír y sentir que cada día te sentía más cerca de mi.

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