Había una vez... Un niño que sufría de estrés y por eso cualquier cosa le podía molestar y hacerle enfadar de tal manera, que podía ponerse a gritar e insultar sin parar. Un día el padre del niño cansado de ver tanta energía desperdiciada se acerco a este con un martillo y una bolsa de clavos y le dijo:
"Hijo... Cada vez que tengas un momento de ira. Toma este martillo y clava un clavo en la valla de él patio de atrás".
El niño de inmediato se enojo y decidió en hacer lo que su padre le había recomendado. Ese día él niño clavo 6 clavos en la valla.
Unos cuantos meses después la valla tenia clavados 120 clavos. Pero había algo diferente. Él niño ya no estaba molesto, y ya nada le hacia enojar.
El padre al ver el progreso des su hijo, se acercó de nuevo a este y le dijo:
"Hijo, ahora por cada vez que pase un día sin tener ninguna rabieta, quita un clavo de la valla"
El niño obedeció y quito él primer clavo de la valla.
Pasados 4 meses él niño estaba quitando su ultimo clavo.
Él padre al ver esto se acerco al niño y pasando su brazo sobre su hombro le dijo:
"¿y ahora que puedes ver?"
Él niño le miro y dijo:
"Ya no hay clavos en la valla"
El padre respondió:
"Si, pero mira detalladamente."
Él niño miro la valla y dijo:
"Solo veo los agujeros de los clavos"
Él padre le miro y dijo:
"Si, quedaron agujeros. Cada vez que agredimos a alguien física o verbalmente es como si claváramos un clavo en ella. Y si nos disculpamos es como si lo sacáramos. Pero... ¿Que queda?"
Él niño casi al borde de las lágrimas miro a su padre y le dijo:
"Atrás quedan los agujeros... Que no se pueden quitar"
Por eso querido lector, jamas olvidemos la regla de oro.
"Trata a las personas, como quieres que te traten a ti."
~Fin~
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-Carta Para Un Suicida-
Teen FictionCarta para un suicida... si lo vas a intentar... primero lee esta carta...