Después del frío viene la lluvia; lo cual no implica que el frío se vaya, sino que ahora viene materializado en enormes gotas de agua. Era la última advertencia antes de las nevadas. Como el amarilllo en el semáforo.
Y ya que el rojo podía detonarse en cualquier momento, la lluvia helada fue suficiente para conseguir la suspensión de clases.
Así me fui a dormir, sonriente, a las once de la noche, después de recibir el mensaje de Chris, escrito con mayúsculas, cinco signos de admiración, tres emojis de caritas sonrientes y dos de conitos echando confetti. Cerré los ojos, mientras escuchaba la lluvia golpear contra la ventana, pensando en lo feliz que Dan Howell sería al día siguiente, con galletas, café, chocolate, y películas que ya me sabía de memoria; abrazando las sábanas, sin darme tiempo de preocuparme por si me encontraría a Phil en el pasillo o no, por si entraría a la primera clase o si se quedaría en el baño, congelándose sin bufanda una vez más, o comiendo pastel, quizás en una de estas ocasiones lo encontraría bailando ballet. Ése chico era un saco lleno de sorpresas.
Lo único que se podía esperar de él eran cosas inesperadas. Y si eso no era lo mejor se puede esperar de una persona, entonces en definitiva no sé de personas.Mi punto es, que me fui a dormir, olvidando darle a mi mamá las buenas noticias.
Es una persona tan linda que ese viernes, como cualquier otro, acudió a despertarme, quince para las seis. Yo tenía una alarma, mi madre lo hacía porque quería, y porque probablemente sabía que si ella no lo hacía, yo nunca despertaría.Ni siquiera me quejé. Sabía que era mi culpa. Mi castigo por pensar tanto en esos ojos azules, (si es que eran azules) en lo bien que combinaban con mi bufanda favorita, justo amtes de irme a la cama. Era una señal del universo— Dios diciendo; no lo hagas, Dan.
Vertí agua en la cafetera, frotando mis pies descalzos para mantenerlos calientes.
Mi madre entró en la cocina, arreglada y entaconada. Puedo decir que la canción de los tacones al golpear el suelo era una de mis favoritas. Trae tantos recuerdos.
Creo que estaba feliz, porque decidió vestir su falda roja favorita, con la chamarra elegante cuyo nombre nunca podía obligarme a recordar. Sonreía, y no se daba cuenta.Suspiré, tomando una taza del gabinete.
"¿No vas a arreglar tu cabello?" Preguntó, con curiosidad y esperanza. Por un momento no entendí a lo que se refería, hasta que llevé mi mano frívola a mi cabeza, sintiendo los chinos de poodle regocijarse al tacto. Ella insistía que mi cabello lucía perfecto así, me daba un toque 'inocente, pero sensual' en su humilde opinión.
Pero hasta los pelos de la nariz son perfectos a ojos de una madre."Cierto. Olvidé decirte." Tomé un sorbo del café, recién servido. Una muy mala idea, por cierto; hervía. "No tengo clases hoy."
Cubrió su boca con la mano derecha, en la que usaba el anillo de ópalo. "Dan, debiste habérmelo dicho, lo siento."
Me limité a negar con la cabeza, aunque ella no notó el gesto, habiéndose agachado para ojear la hora en su reloj de muñeca.
"Cielo, es tarde, debo irme."
Ahora, asentí.Se acercó a mí, resonando una vez más la canción del Tacón, mientras extendía las manos, con ánimos de tomarme por los cachetes, como lo había hecho siempre. El gesto duró poco, y reemplazó la mano en mi mejilla por sus labios rosas, plantándome un beso.
De verdad me alegraba alardear el llevar una buena relación con mi madre.
Con un respingo, y un "mira la hora" entre dientes, dio la vuelta, comenzando a alejarse.
"¡Diviértete!" Exclamó, antes de cerrar la puerta detrás de ella.
Sonreí, suspiré una vez más y giré sobre mis talones.
Le pondría más azúcar a mi café, ya que había quedado demasiado amargo para ser verdad, por alguna extraña razón. Aunque sé que los días de café perfecto eran escasos.
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Scarves & You || Phan
Fanfic"Lo quería, y él a mí, pero nunca, nunca de la misma manera." Dan quiere a Phil; a él, y a sus lentes de marco grueso, sus camisetas de colores brillantes, su cabello oscuro como el cielo invernal, y sus ojos tan azules como su bufanda favorita. Phi...