Capitulo 23

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Harry sonrió satisfecho, mientras observaba como Justin se iba alejando hacía la oficina del director. Taylor me miró con odio y supe ahí, que la venganza llegaría tarde o temprano. Se fue con su grupo de amigas afuera de la cafetería. Harry volteó a verme, la preocupación reflejada en sus ojos.

-¿Estás bien? Lamento no haber podido llegar antes.
-Si... Estoy bien... -murmuré por lo bajo.

Niall apareció a su lado, sonriendo.

-Él es idiota de nacimiento.
-Oh, ¿en serio? No me había dado cuenta -dijo Zayn sarcásticamente,
-¿Quieres terminar de comer para irnos? -me preguntó Harry, omitiendo los comentarios de sus amigos.
-Está bien.

(...)

Luego de las clases, guardé algunos libros para poder estudiar para el examen que tenía mañana de biología y fui junto con Harry hasta su auto para poder irnos a casa.

Una vez allí, él me tomó de la mano y entramos, siendo recibidos por Sr. Tuko, quien maullaba y se restregaba en nuestras piernas, agitando la punta de su cola en alto. El ambiente se llenó de las risas de Gemma, quien corría siguiendo a Sr. Tuko. El gato la miró y comenzó a correr, mientras seguía maullando.

-¡Sr. Tuko! ¡Regresa! - Gemma gritó, con una sonrisa plantada en su rostro.

Cuando pasó frente nosotros, Harry la agarro entre sus brazos y la alzó sobre su cabeza. Gemma gritó por la sorpresa.

-¡Harry, déjame!
-Deja al pobre gato -rió.

Sonreí, viendo la escena familiar desconocida para mi. Los maullidos volvieron, cada vez más cerca. Sentí como la bola de pelos clavó las garras en mis jeans y comenzaba a trepar por allí. Reí, mientras Sr. Tuko continuaba su recorrido por mi pierna. Harry dejó a Gemma sobre su espalda, haciendo que sus finas y pequeñas piernas abrazaran su torso. Gemma rió al ver al gato llegando por mi vientre y comenzando a trepar por mi abrigo. Yo no sabía que hacer, solo reía algo nervioso.

-¡Gato malo! ¡Déjalo! -gruñó Harry.
-Quiero ver hasta donde llega -lo contradijo su hermana.

Sr. Tuko llegó hasta mis brazos, acurrucándose y escondiéndose entre ellos, ronroneando. Acaricie temeroso su lomo, mientras éste se arqueaba sobre mi mano. Gemma aplaudió a gusto.

-Un día lo encontraremos plantado al techo -la voz de Anne resonó en la sala, mientras salía de la cocina secándose las manos con un paño, sonriendo- Trepó la pared de alfombra que hay en la biblioteca. No se podía bajar y gritaba como loco. ¿O no, Gemma?
-Si. Papá tuvo que subirse a una silla para sacarlo.

Harry la bajó, poniendo sus pies devuelta al suelo.

-¿Tienen una biblioteca aquí? -pregunté. Jamás había visto la casa completamente.
-Si. ¿Te gustaría verla? -me preguntó ella.

Asentí con la cabeza sin vacilar.

-Harry, ¿porqué no la llevas?
-Claro. Ve a dejar tu mochila a tu habitación.
-Vale.

Subí las escaleras y dejé la mochila sobre mi cama, aún sin soltar a Sr. Tuko. Harry estaba fuera, en el pasillo, esperándome.

-Es por aquí -señaló hacía otra escalera para ir a la planta superior. Lo seguí, observando cada rincón desconocido.

Él me guió hacía una puerta doble en madera tallada. Sr. Tuko ronroneaba y aquel sonido resonaba por todos los pasillos del tercer piso de la casa. Harry las abrió y encendió las luces, dejándome ver las muchas estanterías de tres secciones donde habían muchos, pero muchos libros.

Habían de todo tamaño, clase, color y grosor. Un mundo por descubrir. Harry posó suavemente una de sus manos en mi espalda, empujándome para hacer que entrara dentro de la habitación. Había unas largas escaleras para alcanzar los libros de los estantes más altos, sillones y mesas y lámparas en dos esquinas. Una alfombra realmente bonita estaba en el suelo, con diseños florales rojos y verdes oscuros. Sentí la mirada de él sobre mi rostro, expectante.

-¿Te gusta leer?
-Por mi leería todo el día... -murmuré, sin mirarlo.
-Ve y revisa lo que quieras. Debo hacer unas cosas -me sonrió antes de alejarse de la biblioteca, dejándome solo.

Caminé hacía una mesa, dónde habían varios libros. Me hinqué frente a ellos y comencé a ver sus títulos, hasta que vi uno; Romeo y Julieta.

Mi libro... En mi casa... Junto con los otros de mi madre. ¿Cómo los pude haber olvidado allí? Debía tenerlos. Ahora. Ya.

Me levanté, decidido a ir hasta allí para buscar mis libros. Sabía ya por la hora que mi padre no estaría en casa, así que tenía como dos o tres horas como mínimo para ir y volver. Nadie debía verme si quería ir rápido, así que bajé las escaleras lo más despacio posible. Por mi peso y estatura, mis pasos eran ligeros y no resonaban por el suelo, pero aún así tuve cuidado.

Llegué a la sala, dónde estaba al fondo la puerta que daba el exterior. No había nadie, excepto Sr. Tuko, quien estaba sobre el sofá, mirando mi llegada expectante. Abrí la puerta, escuchando y chirrido de parte de ella. La abrí lo necesario como para poder salir.

Corrí por las rocas y tierras y pedazos de césped ágilmente. No quería demorarme mucho. Harry podría ir a buscarme y no encontrarme dónde me había dejado, o también Gemma, o Anne, o El sr. Desmont.

(...)

El olor dentro era insoportable. Platos y vasos amontonados en el lavaplatos, sucios, de hace semanas. El suelo lleno de migajas, húmedo, con hongos. Todo estaba deteriorado. Papá no había echo nada mientras yo no estaba. Me sentí mal por él en un momento, pero luego me arrepentí. Fui a mi habitación, que se encontraba tal cual cómo la había dejado. Me agaché bajo para ver bajo mi cama y vi los libros. Todos.

Sonreí y los cogí entre mis manos, sintiendo el conocido tacto sobre mis dedos. Revisé los títulos una ves más y comencé a ojearlos.

Lo que me llamó la atención, fue que entre las hojas de en medio habían unos sobres y papeles. Arrugados y sucios, todos juntos. Tomé el más grande que se encontraba doblado por la mitad. Era suave, por más que estuviera arrugado. Un papel grueso, resistente. El miedo había comenzado a picar sobre mi cuero cabelludo. Lo desdoblé y comencé a leer con atención cada palabra.

El mundo cayó sobre mis pies.

-Adopción... -susurré, bajo mis propias lágrimas- Padres biológicos: Mark Tomlinson y Johannah Poulston. Padres adoptivos: Troy Austin y Amelia Garland... No... -me rompí en ese momento.

La presión era demasiada. Necesitaba procesar aquella información con tranquilidad. Volví a dejar todo en el libro y los cargué todos firmemente contra mi pecho para poder irme de aquella casa que jamás fue mía. Mi... padre, no había tenido ningún derecho sobre mí, cómo para golpearme todos estos años. ¿Y mi ''madre''? Lloriquee todo el camino hasta llegar a la casa de Harry. Entré por la puerta de atrás, por la cocina. No había nadie. Subí lo más rápido que pude las escaleras para ir directamente a la biblioteca. Me fui a un rincón, acuclillándome en una esquina y dejando todos los libros frente a mi. Volví a sacar aquellos papeles y continué con mi lectura.

SalvameDonde viven las historias. Descúbrelo ahora