Capítulo 3

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El día transcurrió con una normalidad casi perezosa, para Sofía todas las clases se pasaron con extrema lentitud, no veía la hora de llegar a casa y encontrar a Sebastián preparando del almuerzo o recostado cómodamente en el sofá viendo algo en netflix.
Al soñar la campanilla de salida, Sofía salió disparada a su auto y condujo como maniaca, saltándose algunos semáforos y quebrantando una que otra ley de tránsito. Una voz dentro de su cabeza le decía que Sebastián no estaba bien, que el la necesitaba tanto como ella a el. Esa voz y sus  pensamientos la llevaron a aparcar el auto de la peor manera del mundo, dañando una que otra flor del jardín.
Cuando llego al pórtico, busco las llaves presurosamente en su bolso y abrió la puerta, tiro el bolso a los cojines de la sala, se quito los zapatos y colgó la chaqueta en el perchero. Se asomo a su cuarto y se asombró al encontrarlo tal y como lo había dejado esta mañana: vacío. Al igual que la casa en su totalidad.
Por un segundo, se asusto al ver la puerta aun abierta pero se decidió a no cerrarla, no hasta que Sebastián llegara.
Pero lo inevitable ocurrio, pasaron las horas y el sol se convirtió en luna y por aquella puerta nunca entro el chico.

Si algún día llegas a amarmeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora