―Mia ―me llamó, en un susurro, forzándome a girarme―. Te quiero, ¿de acuerdo? ―preguntó―. No lo olvides ―pidió, sus ojos verdes completamente centrados en los míos.
Sentí que mi corazón se aceleraba y, a pesar de que no quería reaccionar ante sus pa...
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Para cuando regresé a la mesa, Noah ya estaba sentado nuevamente y no había señal de Melody ni de sus secuaces.
Odiaba lo insegura que me sentía cuando esa mujer aparecía en la imagen y, sin importar cuánto intentara negármelo a mí misma, sabía que era porque no me gustaba la forma en que se lanzaba sobre Noah.
Aparté mis pensamientos, mientras me sentaba frente a Noah, silenciosamente y traté de ignorar el hecho de que estaba perforándome con sus ojos.
Miré incómodamente hacia la caja, donde un chico estaba pidiendo una pizza.
Era consciente de que el hecho de que hubiera salido corriendo al baño momentos antes podría haberse interpretado de cierta manera que definitivamente no me convenía. Pero no me importaba en lo más mínimo. Porque si Noah lo había tomado de esa forma, seguramente optaría por ignorarlo, después de todo, él no podría sentir lo mismo.
De todas formas, solo me gustaba. Nada más. Y ya había quedado conmigo misma que tenía que dejar de pensar en él de aquella forma.
Y de nuevo, parecía que estaba discutiendo conmigo misma, internamente.
―Escucha, Mia ―comenzó él, de pronto―. Sobre Melody...
―¿Por qué sigues intentando darme explicaciones, Noah? ―pregunté, de forma un tanto brusca y alzando la voz.
Finalmente, me permití a mí misma alzar la vista hacia él y me encontré con su expresión de sorpresa. De acuerdo, no debí reaccionar así. Probablemente había sido demasiado brusca, no solo un tanto.
Sentí como mis mejillas ardían rápidamente y suspiré, rápidamente pensando en qué podía decir para explicarme.
―Lo siento ¾susurré―. No pretendía hablarte feo, es solo que no soporto a Melody ―expliqué, porque no tenía ninguna otra idea sobre cómo arreglar la situación.
Noah me miró un largo momento, antes de hablar, con una pequeña sonrisa jugueteando en sus labios.
―Ya ―contestó―. Me he dado cuenta ―agregó, sonriendo ampliamente, de un momento a otro.