No me veo como una princesa, ni mucho menos desea un principe

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No me defino como una mujer muy ruda pero tampoco muy romántica digamos que estoy en medio de ambas, de esas que se hacen manicura y van a la peluquería cada fin. Soy de aquellas chicas a las su les gusta andar en tacones, vestido y falda pero a la vez gusta andar de tenis, de jeans y playera, o cualquier tipo de ropa que me haga sentir cómoda. No estoy obsesionada con mi peso, ni soy de las que van al gym todos los días. Me gusta salir a pasear y, si escucho una canción que me agrada en la calle, la canto en voz alta como loca, aunque esté sola. A veces lloro sin razón alguna, y una de las terapias que más me han funcionado es reunirme con mis amigas y tomar unas buenas cervezas.

A decir verdad, me enfada que me pregunten “¿y tú por qué sigues soltera?”. Suelo responder con frases como “porque me gusta mi independencia”, “porque más vale estar sola que mal acompañada” o “he estado saliendo con chicos, pero no ha llegado el indicado”, aunque en el fondo me gustaría decirles “no te importa en absoluto, idiota”.

Realmente no creo necesitar una pareja para ser feliz, pero parece que la gente no entiende eso.

No soy una mujer a la que le preocupe medir 90-60-90 ni vestir las marcas más caras y elegantes. Andar de pelo suelto y un tanto despeinado es lo que a mí me va. Los cánones dictan que debemos ser perfectas por fuera para ser felices por dentro, pero yo me he dado cuenta de que la belleza exterior es algo tan fugaz, tan frágil y pasajero, que en realidad vale muy poco, y la felicidad no podría estar basada en algo tan superfluo.

Prefiero a las personas auténticas, aquellas que, sin importar como vistan o luzcan, son capaces de impresionarte con su pura personalidad. Personas que te pueden arrancar una buena dosis de carcajadas con su buen humor y que en realidad valoras su compañía por lo que son, no por lo que aparentan ser.

Definitivamente no soy una princesa de cuentos de hadas, ni estoy buscando a mi príncipe azul que me rescate de los mil y un peligros que me acechan. Soy plena e independiente y soy la heroína de mi propia historia.

Para mí, la marca de un vestido, de unos zapatos, o una manicura o un peinado perfectos no revelan nada de la esencia de una persona.

La personalidad, la autenticidad, la originalidad de ideas, la creatividad, son cualidades que sí admiro y que yo misma quiero poner en práctica. Y creo que, sola o en pareja, lo importante es ser feliz y disfrutar la vida, que al final es un viaje corto pero muy divertido; la clave está en saber dejarse llevar sin perderse en superficialidades.

My Little StoryDonde viven las historias. Descúbrelo ahora