Capítulo 4: A más no poder

13 4 1
                                    

Charlie no pudo dormir más. Eran las cuatro de la mañana y no podía pegar ojo. Estaba tan agobiado en aquel momento que sus lágrimas empezaron a caer lentamente en sobre sus mejillas. No tuvo valor de apagar la pequeña lámpara que se hallaba a su lado.

09:00 am

-Cariño, despierta.- susurró Amanda acariciando el hombro de su hijo.

Charlie se levantó  y visualizó la puerta con miedo. Todavía no sabía que ocurría en aquella casa, pero tenía tantas ganas de averiguarlo que haría cualquier cosa por saberlo. Mientras desayunaba junto a su hermano en la cocina, se acordó que había quedado con Jane en unas horas. Al terminar, se levantó cuidadosamente de la silla sin hacer ningún ruido y se dirigió al cuarto de baño.

Se quedó observando su rostro en el redondo espejo durante un rato. Sus ojos decían que no había dormido nada. Se lavó los dientes, y antes de meterse en la bañera, cerró la puerta con el cerrojo. Volvió de nuevo y abrió el grifo poniendo el agua templada, luego, introdujo su cuerpo lentamente.

Minutos después, al sentirse cómodo, alargó el brazo y cogió su móvil para poner música. Eligió su canción preferida y la que en ocasiones como aquella era la perfecta para animarlo. Hotel California.

Cerró los ojos, así sumergiéndose en sus pensamientos. Se imaginó a su padre y el accidente. Rápidamente se dio cuenta de que no tenía que pensar en ello pues lo iba pasar peor, tenía que hacer caso omiso a ese tipo de pensamientos.

-Charlie, sal rápido, tenemos que ir a ver a papá.-informó su madre a través de la puerta.

-¡Voy mamá!-respondió el chico desde la bañera.

Se levantó con cuidado y salió. Seguidamente, cogió una toalla blanca, la cual colgaba de la pared, y se secó la cabeza con ella. Al terminar de secarse el cuerpo, se acercó al lavabo y agachó la cabeza para mojarse la cara con agua fría, pero al levantar la vista y al mirar fijamente al espejo vio que algo iba mal. Pudo observar con claridad que alguien se hallaba detrás suyo, también observándolo. Charlie se giró rápidamente, pero no encontró a nadie. Lo típico. Se quedó paralizado. Lo que vio consistía en un payaso sonriendo. Le resultaba familiar, sintió que lo había visto antes.

Salió corriendo del cuarto de baño y se fue directo a su habitación. Pero antes de entrar, se le fue la mirada al cuadro que colgado en la pared de al lado de su puerta. El payaso que acababa de ver y aquel mismo, eran idénticos.

-¡Vamos Charlie!-gritó su madre desde la primera planta.

Charlie cogió una camisa roja de su armario, se puso unos vaqueros y bajó las escaleras. Se encontró con su madre y su hermano en el salón.

-Ya era hora hijo...-murmuró Amanda.

El taxi estaba esperando afuera, una vez montados en el vehículo, arrancó y marchó hacia el hospital.

10:15 am

-Buenos días, soy Amanda Harris, vengo a ver a mi marido.-se presentó la mujer en recepción.

Salió el doctor Mortensen e indicó a la familia el lugar donde Jeremy se encontraba. Entraron los cuatro pudieron  ver que él seguía en la misma posición. Amanda y sus hijos se acercaron y se quedaron observando su rostro.

-Doctor, ¿hasta cuándo se va a quedar así?-preguntó Amanda casi sollozando

-No lo podemos saber con exactitud, puede que horas, días, meses, incluso años.

El doctor abandonó la habitación y se quedaron los tres mirando el pálido cuerpo de Jeremy. Charlie decidió sentarse en una butaca que se hallaba cerca de la camilla, y Alan se dirigió a la ventana.

RUSTYDonde viven las historias. Descúbrelo ahora