Las ruedas de mi patineta producían un sonido tan fuerte que me relajaba, tome el camino largo a casa, sabiendo que Sam y Stefan estarían muy ocupados explorando la boca del otro como para extrañarme o siquiera notar mi ausencia. El verano recién comenzaba y el ambiente se sentía más acalorado en todo sentido, seguro ellos se sentirían de la misma forma. Por el camino se podían apreciar a varias parejas que probaban mi punto, me repugnaba.
Sin darme cuenta estaba en mi vecindario. Volví a perderme en mis pensamientos como lo hacía cada vez que subía a esa patineta, benditas las ruedas y la madera que me envolvían en pura adrenalina y tranquilidad a la vez. Baje la velocidad y luego recordé que Cameron podía estar cerca, así que dirigí mi vista al frente, no quería ni verle. No sé porque me molesto en siquiera recordar su nombre. Para mi suerte su auto no estaba, seguro fueron a comer algo a la cafetería de Billy, un clásico entre todos nosotros.
Baje de un salto de mi patineta y deje que se quedara en el patio, la abuela me reñiría luego por dejarla a mitad del camino, alguien podría tropezar con ella y no queríamos volver a llevar a Stefan a emergencias. Entre rápido a la casa y me dirigí a la cocina, un post-it en el microondas llamo mi atención, lo tome y procedí a leer su contenido.
"Mi amor,
Tuvimos una salida urgente, no regresen tarde.
Los aman, los abuelos xoxo"
Subí corriendo los escalones de dos en dos, y sin llamar a la puerta entre a la habitación de Stefan, justo frente a la mía y al lado del baño que compartíamos. Como me imagine varios minutos antes, mi mejor amiga y mi primo estaban besuqueándose. Se encontraban de espaldas a mí en la silla de rueditas que Stefan poseía, viendo al escritorio donde innumerables veces encontré a mi primo durmiendo debido al cansancio mientras utilizaba un libro de química o historia como almohada. Él se hallaba cómodamente en ella con Sam sentada sobre él. Como era de esperarse, no me notaron.
Y la gran idea vino a mi mente.
Retrocediendo de puntitas sin hacer ruido, Salí de la habitación y cerré la puerta lentamente, cuando estuve suficientemente lejos como para ser escuchada, corrí escaleras abajo al armario de limpieza y tome el primer atomizador vacío, corrí a la cocina y lo llene con agua del grifo. Me dirigí rápidamente a la puerta de Stefan y la abrí solo un poco, seguían igual de sumidos el uno en el otro como hace dos minutos. Entre sigilosamente sin que me notaran, de nuevo, y les apunte.
Comencé a rociarlos con agua y a carcajearme al asustarlos. Sam ahogo un grito y se apartó de la silla, alzando las manos, mientras cerraba los ojos al igual que Stefan, quien no se inmuto más que para eso y para sonreír un poco como solo él sabe hacerlo.
-Voy a matarte Leah Marie- dijo Stefan con un aire tranquilo y juguetón.
Mi primo ciertamente era muy guapo, de los más guapos del estado me atrevería a decir. Su madre era preciosa, mi tío Josh también era muy guapo como era de esperarse, mucho más guapo que mi padre, a pesar de que eran mellizos. Stefan heredo sus ojos claros y su sonrisa, claramente además del cabello negro azabache. Rara vez se dejaba la barba, pero cuando lo hacía se veía mucho mayor, y mucho más parecido a su padre, si era posible. Él amaba eso, pero ciertamente solo aumentaba su melancolía el verse al espejo y ver a su padre reflejado.
Stefan y yo éramos muy unidos debido a aquello, nuestro dolor.
Ambos perdimos a nuestros padres.
Mi madre fue la primera en dejarme, cuando apenas era una pequeña niña de cuatro años. Para cuando mi padre se fue, yo ya lo esperaba.
Mi tío Josh y mi abuelo asumieron el rol paterno que yo necesitaba al partir mi padre, inclusive antes. Mi abuela y mi tía Kelsey asumieron la responsabilidad de sustituir a mi madre, nunca lograron su cometido, pero al menos no estaba sola en aquello.
Justo cuando empezaba a recuperarme sucedió, mis tíos se fueron también.
Stefan tenía nueve años y medio cuando sus padres sufrieron un accidente de auto en la carretera 476 camino a Allentown por el trabajo. Recuerdo como los siguientes meses transcurrieron con demasiada gente extraña entrando a nuestra casa, desde agentes del seguro de vida hasta personal de la funeraria. Recuerdo perfectamente cuando los padres de la tía Kelsey vinieron a amenazar a mis abuelos para quedarse con la custodia de Stefan, lo recuerdo todo.
Nadie entendía a Stefan como yo, nadie me hacía sentir como él, era reconfortante no sentirnos tan solos. Ambos tan vulnerables y frágiles que juntos nos hacíamos invencibles. Para nuestra suerte, un par de años después éramos de nuevo fuertes y valientes, claro que cada uno atravesó el duelo a su manera.
Cuando Stefan tuvo la edad se convirtió en un completo don juan, batiendo el record de más corazones rotos, ciertamente otra razón por la que casi no era compatible con mujeres con edades próximas a la mía, el arrasaba con sus corazones y sus faldas, haciéndolas odiarme.
Solo Samantha no me dejo, ni a él.
Nunca renuncio a él.
Al cabo de unos años, termino aceptando que él le gustaba, y un par de años y varias noches de llanto silencioso después, acabaron juntos.
Y el don juan desapareció.
Cuando comencé a correr lejos de aquellos dos fue muy tarde. Casi escapo, pero en el quinto escalón pude sentir las grandes manos tomando mis hombros, deteniéndome en seco, solté un grito. Pero por más que luche no pude evitar lo que venía.
Sin mayor esfuerzo me subió a su hombro y con una Samantha aplaudiendo y riendo a carcajadas tras nosotros nos dirigimos al patio delantero, oh no.
-¡SUELTAME STEF, SUELTA-repetía, más no pude terminar porque me tiro al césped, quise pararme y correr pero era muy tarde. Agua helada mojaba hasta mi ropa interior, iba a matarlo si la hipotermia no me llevaba primero.
-Y el verano apenas comienza, Lee-dijo Stefan estallando en carcajadas, acción que Sam repitió, llamando su atención y haciendo que aquel dirigiera la manguera en su dirección, mojándola también.
Aproveche aquello para correr al interior de la casa sin importarme el desastre que hacía y prendiendo los rociadores. Y así fue como comenzó el dulce y precioso verano, donde los tres nos divertíamos sin importarnos el resto del mundo, como siempre había sido y como siempre debía continuar siendo.
Hasta que una carcajada paro mis pelos de punta.
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Bien, disfruten.
Prometo actualizar pronto,
Nicole.
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Jugando con Leah
Novela JuvenilCameron podría tener a cualquier chica a sus pies, pero no a Leah. Esta misma se ha vuelto su reto personal, hará cualquier cosa para tenerla, hasta jugar sucio. Leah ha jurado nunca más caer ante un chico como Cameron, por lo cual el juego es mucho...
