Capítulo 4

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     A partir de ahora me llamaré Anaís. Supuestamente vengo de España. Esta es la primera misión en la que me cambio de nombre. Aparte del nombre y de mi país también vienen las cosas que he hecho durante toda mi vida, mis gustos, mi forma de ser... Esto es como el teatro, tienes que ser una persona totalmente distinta a la que eres. Por esa parte es divertido.

《EL AVIÓN HACIA ITALIA SALE EN UN CUARTO DE HORA. LES ROGAMOS A LOS PASAJEROS QUE SE DIRIJAN YA HACIA EL AVIÓN》

     Al oír eso, me levanto, coloco mi mochila detrás de la espalda, meto mi móvil en el bolsillo trasero del pantalón, cojo mi maleta y me dirijo hacia el avión sin ni siquiera despedirme de mis padres.

     Una vez dentro del avión, busco un sitio donde pueda estar sola, sin que nadie me moleste mientras escucho música. Me siento justo en la mitad, ni muy delante y muy atrás. Todo iba bien, pero como llevo diciendo todo el día, mi suerte mejora por momentos.

     —Señor, ahí hay un sitio libre— le dice la azafata a un hombre refiriéndose al asiento de mi lado.

     —Sí, gracias—dice Arthur. Genial, Arthur.

     —Oh, eres tú— dice él.

     —¿Perdón?— hago como que no le he escuchado y me quito los cascos.

     —Nada, simplemente decía que eres tú.

     —Ya, yo soy yo y tú eres tú.

     —Muy graciosa.

     Tengo la intención de ponerme los cascos otra vez, pero veo en sus ojos que quiere seguir hablando.

     —¿Nerviosa?- me pregunta.

    —No.

     —¿Cuántos años tienes?

     —Dieciséis, ¿por?

     —Por nada, creía que eras más mayor, yo tengo veintiocho.

     Todo el mundo se cree que soy mayor de lo que realmente soy. Tal vez sea por mi cuerpo, está bastante desarrollado para mi edad.

     —Bueno, te dejo que sigas escuchando música.

     —Gracias.

     El resto del viaje se hace muy ameno. Hasta que se me pasa por la cabeza una idea que no puedo evitar preguntarle. Él, esta con sus cascos y su portátil, por lo que para hablar con él le tengo que quitar un auricular de su oreja.

     —¿Si?—dice.

     —Tengo una duda.

     —Cuéntame.

     —Supuestamente dices que vienes con nosotros para protegernos y nosotros no debemos saber nada. Pero, ¿y si Mildri o mis demás compañeros me preguntan por qué estoy hablando contigo como si te conociera de toda la vida?— le pregunto.

     —No había pensado en eso. Podemos decir que hay sido pura casualidad y que no tenemos nada que ver.

     —Vale, pues ya puedes seguir con tus cosas.

《 PASAJEROS, YA PUEDEN COGER SUS COSAS Y SALIR DEL AVIÓN, ESPERAMOS QUE EL VUELO HAYA SIDO DE SU AGRADO 》

     Cogí mi maleta y fui a buscar a Mildri y Adam, ellos sabrán que hacer.

     —¡Hola! ¡Que nervios!—dice Mildri.

     —Sí, súper— digo, he sonado un poco borde y  lo han notado.

Liv, investiga la realidadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora