Narra Cáncer
Miraba a Escorpio con algo de pena y rencor, no debería estar aquí, en su casa, no debería estar con él. Pero tampoco tenía ganas de volver a mi aburrida cama, ya estaba cansada de estar encerrada en mi habitación.
Cuando Eugenio tocó a mi puerta, yo me estaba levantando para bañarme, porque estaré un poco depresiva, pero no sucia. Aunque al rededor mío todo lo este. Recuerdo ver como abrió las cortinas de mi habitación, realmente era un lío. Prácticamente una cueva.
—¿Vas a decirme por qué estuviste casi dos semanas encerrada en tu habitación? —preguntó él, no lo pude mirar a los ojos. Es imposible que lo miré a los ojos, porque comenzaría a llorar y yo no quería llorar. Además, hace días no hablaba y me sentía enferma, física y mentalmente—. Vamos Carie, somos amigos, tú eres mi mejor amiga, ¿por qué llevas desaparecida tanto tiempo? —preguntó frunciendo el ceño.
Diablos, deja de hablar.
No podía escucharlo, necesitaba un cigarrillo, me estaba poniendo ansiosa, y estaba segura que él tenía uno por aquí. Pero no quiero que me vea fumar, hace tanto tiempo que no fumaba que de repente, el otro día, luego de que las chicas se fueran, unas ganas tremendas me invadieron. No pude controlarme y tuve que salir a comprar unas cajas, recuerdo que el chico del supermercado de la esquina me vio como si estuviera loca, y tal vez lo este, pero es mi problema.
—Quiero agua —murmure, él alzó una ceja y suspiró. Paso sus manos por su cabeza logrando despeinar su cabello. Estaba frustrado, creía que había logrado algo con haberme sacado de mi cama, de mi casa, pero solo logró que me diera sed.
—Ya vengo —dijo y caminó a la cocina. Cuando vi que atravesó el umbral de la sala, corrí hasta el balcón. Escorpio vivía solo desde hacía un año, prácticamente igual que yo, pero él en un apartamento, y yo en una casa.
Abrí el balcón y cerré las puertas. Saqué la caja de cigarrillos y la abrí, uno. Hice una mueca, diablos, era la última que me quedaba. Suspiré y enseguida lo encendí. Miré la vista desde el balcón. ¿Por qué Eugenio habrá ido a mi casa? ¿Por qué?
—¿Qué haces aquí?
Di un pequeño salto al escuchar su voz. Lo miré mal y él me miró divertido, hasta que notó que tenía un cigarrillo encendido, lo tomó y lo dio contra el suelo apagando este con la punta de su pie izquierdo .
—¿Qué haces? —pregunté molesta.
—¿Tú qué haces? ¿Desde cuándo fumas? —preguntó preocupado cruzándose de brazos.
—Mierda era el último —maldije sin contestar a su pregunta, podía sentir la ansiedad incrementando en mi interior, él me miró sorprendido—. ¿Tienes cigarrillos? Seguramente, tú fumas —hablé intentando salir del balcón, pero su brazo me detuvo sujetándome por la cintura, lo sentí en mis costillas, tragué saliva.
—¿Desde cuándo fumas Cáncer? —interrogó elevando un poco la voz. Lo miré con lágrimas en los ojos por la presión de su brazo y porque ya estaba cansada de todo. De él, de mí, de ellos, todo estaba mal.
—Desde hace mucho tiempo que fumo —contesté. Él me miró sorprendido—. Lo había dejado, pero volví a fumar en los últimos días —agregué. Él asintió.
—Te estás haciendo daño —murmuró haciendo una mueca disgustado, solté una risita sin gracia.
—También fumas Escorpio —le recordé obvia.
—Sí, pero a pesar de eso, llevo una vida bastante saludable, ¿hace cuánto no comes algo saludable? —preguntó. Rodé los ojos al cielo sintiéndome incomoda, y él me miró expectante.
—Probablemente una semana.
—¿Qué comiste? —preguntó. Baje la mirada a su brazo, cual todavía me sujetaba por la cintura.
—Nada —murmure bajito, bastante avergonzada.
—¿Qué? —cuestionó confundido o sin querer escuchar la realidad.
—Nada, no he comido nada.
—¿No has comido nada en una semana? —preguntó sorprendido, preocupado y molesto a la vez. Asentí sintiendo como mis ojos picaban por querer llorar—. ¡TE ESTÁS MATANDO! —gritó, y las lágrimas que contenía salieron a rienda suelta. Sus brazos me rodearon en un abrazo que me destrozó aun más. Si supiera que es lo que más quiero en el mundo.
—Lo siento —murmure. Por querer acabar conmigo de una vez, por quererte, por odiarte, por contener tanto mal que no puedo evitar dañar.
—Los chicos están viniendo para acá, vamos a mi habitación, te tengo que dar algo de comer —habló, asentí, aunque prefería mil veces terminar con esto de una vez y no volver a fingir nunca más. Eugenio secó mis lágrimas y sonrió con tristeza—. No logró comprender como llegaste a esto, pero te voy a sacar, te lo aseguro bonita —murmuró y besó mi frente.
No sabes cuánto quiero creerte y cuánto me duele saber que no es así.
Fin de la Narración de Cáncer
Narra Escorpio
Luego de dejar a Carie en mi cama, corrí a la cocina a prepararle todo lo que podía preparar. Ella tenía que comer algo, llenar su estómago. No podía creer como su cuerpo había aguantado tanto tiempo sin comer nada, cuando biológica-mente una persona se puede llegar a desmayar si dentro de las 24 horas no se alimenta.
O tal vez si se desmayó y no me lo quiso decir, hice una mueca. Estaba preocupado, muy preocupado por ella. No entendía como llegó a este estado, cuando había estado completamente bien antes.
¿Quién fue el imbécil que le rompió el corazón? Según Pia, tuvo problemas del corazón. Hice una mueca y no puede evitar sentir algo de celos. Pero celos como amigo. Estoy con Sagitario y la quiero, la quiero mucho, aunque son dos tipos diferentes de amor, no debo compararlos. Carie es mi mejor amiga, siempre lo será.
Lo primero que hice fue un sándwich, luego de que vengan los chicos haría algo más elaborado. Caminé hasta mi habitación, al entrar, sin golpear ya que es mi habitación, noté como Carie estaba acurrucada en el lateral derecho abrazada a mi almohada, sonreí.
Es tan tierna, incluso cuando es mala es tierna.
—Te traje un sándwich —hablé—. Y agua —agregué, ella levantó la mirada con pesadez, y vergüenza, había evitado hacerlo antes por miedo a llorar, también tenía miedo a que me enterara que le había pasado, pero al final lo supe ¿no? Aunque intuyó que hay mucho más por saber—. Come, te vas a sentir mejor —aseguré.
—¿Vas insistir hasta que lo haga? —preguntó, asentí. Se veía tan dulce, y tierna. Bufó, y agarro el plato con el sándwich. Escuché el sonido del timbre y suspire.
—Esos deben ser los chicos —supuse, ella frunció el ceño—. ¿Dónde tienes tu celular? —pregunté curioso, ella se encogió de hombros.
—Lo deje en casa. ¿Invitaste a los chicos? —preguntó, asentí.
—Sí, me atropellaron a preguntas sobre si estabas bien y les dije que vinieran —contesté, ella suspiró, estaba incomoda, claro que lo estaba.
—¿Qué les respondiste?
—La verdad.
—¡Sí claro! ¿Cuál es la verdad Escorpio? —preguntó ella sonando muy irónica. Hice una mueca sintiéndome adolorido por su actitud.
—La verdad Carie, es que estás mal, muy mal y necesitas ayuda, nuestra ayuda —respondí, ella mordió su labio inferior. Y sonrió con tristeza.
Continuará...
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Instagram Zodiacal #Book1 |Terminada|
RomansaUna más una menos que más da. ¡La locura nos persigue a todos!
