III

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Fue la peor noche de mi vida, apenas apague las luces y cerré los ojos volvieron los susurros, seguían diciendo el nombre de mi padre y otras cosas más que no lograba entender. Aun estando dormido podía escucharlos pero no bastaba como para despertarme y cuando empezaba a creer que no habría nada peor, llegaron los sueños.

Me vi corriendo a través de callejones oscuros otra vez mientras los ruidos seguían azotándome pero siempre terminaba en un callejón sin salida y entonces los susurros intensificaban su volumen y las sombras se arremolinaban a mí alrededor y me devoraban. Volvía  aparecer otra vez en otro callejón, como una especie de video juego en donde vuelves a empezar si pierdes.

Luego mi sueño cambio, me sentía mucho más pequeño de lo que soy, como si me fuese encogido o si fuese vuelto a ser un niño. Estaba rodeado por los brazos de mi madre mientras ella se tapaba la boca y sollozaba. Seguía escuchando esos malditos susurros diciendo lo mismo, hasta que en determinado momento solo hubo silencio. Entonces mi madre salió y vi que un hombre estaba tirado en el piso, parecía tener una conversación con mi madre pero yo no podía escuchar nada, era como si fuesen silenciado la charla y me miro.

Mateo…

Ahí fue cuando desperté de golpe, la cabeza me dolía y tenía todo el cuerpo entumecido, mi cabello estaba hecho un desastre y mi hombro me ardía, me fui a revisar pero no había nada fuera de lugar, todo estaba como siempre, en eso los gritos de mama empezaron, al parecer me levante un poco antes.

Hice mi rutina con normalidad, ese día tenia deportes, una disciplina que tampoco se me da tan mal, me puse el uniforme correspondiente y el único que  se usa como tal, mi colegio es privado y podemos ir vestidos como queramos menos los días de deportes. Me despedí de mama y me disculpe por mi comportamiento la noche anterior.

Cuando llegue al colegio Clarisse me esperaba impaciente en la entrada, según ella me estaba demorando mucho cosa que  no le di importancia. La abrace y sentí algo extraño, era como si todo se volviera gris y empezaran miles de violines a tocar las melodías más decadentes y desgarradoras que existieran, a pesar de su gran sonrisa sabía que todo eso venia de Clarisse.

-Oye ¿Estas bien? –cuando la solté todo volvió a la normalidad.

-Claro tonto, por qué no habría de estarlo –me miro extrañada.

-Es que sentí que estabas triste… -en eso mi cara cambio por completo al recordar.

-Es 7 de mayo… -su sonrisa se borró y sus ojos brillaron.

La volví a abrazar y sus sentimientos volvieron a invadirme pero trate de ignorarlos, lo que más me importaba en ese momento era consolar a mi amiga y darle mi apoyo. La madre de Clarisse había muerto cuando ella tenía tres años, algo un poco casual teniendo en cuenta que mi padre murió el mismo año, lo poco que le conto su padre fue que había muerto en una especie de incendio. Tal vez esa sea una de las cosas en común que más nos unen.

La invite a pasar al colegio, sabía que  sus  ánimos mejorarían en cualquier momento así que no me preocupe mucho por su estado. Al pasar por el pasillo de entrada me fije de reojo que  Andrew estaba hablando con Chelsea, esa típica chica popular que si acaso sabe cómo usar un lápiz pero desborda belleza hasta en el sudor.

Me encontré confundido, si bien es cierto  que me parecía atractivo no quería decir que sintiera algo por él, me aliviaba saber que eso podría significar que es heterosexual y que solo es muy sociable y amable y por ende no tiene ningún interés en mí, pero también odiaba la idea de que la chica con la que se estuviese involucrando fuese una zorra sin neuronas funcionales.

Cuando me di cuenta Clarisse pasaba su mano por delante de mi vista y me llamaba insistentemente, fijo su mirada en la misma dirección a la que yo veía hacia unos instantes y volvió a verme con cara de malicia.

Umbra a mea Tormentum.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora