TWID1: CAPÍTULO 4 - PARTIDA parte 1

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THE WORLD IS DEAD: INFIERNO

CAPÍTULO 4: "PARTIDA" - Parte 1

Narra Amaya

Junto a Maddie, intentábamos consolar a Matt y a Amy, que seguían destrozados por la repentina y brutal muerte de su abuelo.

El aire alrededor de la bencinera se sentía pesado, como si incluso el silencio estuviera de duelo. Matt lloraba aferrado a su madre, mientras Amy intentaba mantenerse firme, aunque tenía los ojos rojos y el rostro completamente quebrado por el dolor. Maddie, pese a estar hecha pedazos por dentro, seguía abrazándolos con una fortaleza que solo una madre puede sacar cuando todo se desmorona.

Miré hacia donde estaba Michael. Había logrado hacer funcionar una camioneta más grande que la nuestra, una de doble cabina, mucho más útil si queríamos seguir moviéndonos juntos. Aun así, me preocupaba la forma en que se había aislado después de lo ocurrido. Había algo en su silencio que me inquietaba. No era solo tristeza. Era rabia, impotencia... y agotamiento.

Me puse de pie y miré a Amy.

—¿Te parece si vamos al local a buscar algunas provisiones? —le dije con suavidad—. Te servirá para despejar un poco la cabeza.

Ella levantó la vista, todavía con lágrimas pegadas en las pestañas. Se puso de pie lentamente.

Me coloqué frente a ella y, con la delicadeza que pude reunir en medio de ese infierno, añadí:

—Vamos... sécate esas lágrimas. Tienes que ser fuerte. Un gran sabio me dijo hace poco que más adelante veremos cosas parecidas... o incluso peores. No podemos dejar que eso nos rompa. Tenemos que aferrarnos a la vida con uñas y dientes.

Amy respiró hondo, se secó el rostro con la manga y asintió en silencio. Tomé de su mano para darle seguridad a Maddie que nada iba a suceder, y caminamos hasta el local que estaba junto a la bencinera.

Empujé la puerta, y apenas vimos el interior, retrocedimos de golpe. El lugar estaba infestado.

Varios infectados deambulaban entre las góndolas, chocando contra los estantes, arrastrando los pies entre productos caídos y manchas oscuras de sangre seca. El hedor a encierro, descomposición y comida podrida era casi insoportable.

Antes de que pudiera reaccionar, Amy me arrebató una de las pistolas del cinturón.

—¡Amy! ¡Espera! —alcancé a exclamar

Pero ya era tarde. Levantó el arma con ambas manos y comenzó a disparar.

Los primeros tiros fueron torpes. Las balas impactaron en hombros, pechos, paredes y vidrios. Pero después corrigió. Respiró. Volvió a apuntar. Y entonces comenzó a acertar en la cabeza.

Uno por uno. Los cuerpos fueron cayendo al suelo entre latas, vidrios rotos y estantes volcados.

Cuando el último infectado dejó de moverse, Amy me devolvió el arma con una frialdad que no le había visto antes. Luego tomó un carro de supermercado y dijo:

—Será mejor que nos apuremos... antes de que esas cosas maten a alguien más.

La miré en silencio unos segundos. Había cambiado. Tal vez el dolor había terminado de arrancarle la inocencia.

Se adentró al local, obligándome a seguirla.

Comenzamos a llenar los carros con lo que quedaba de comida enlatada, agua embotellada, barras energéticas, medicamentos, linternas, fósforos, pilas y todo lo que pudiera servirnos. Mientras avanzábamos entre los pasillos, Amy habló sin mirarme:

—¿No te parece raro que aún haya provisiones en este lugar?

Observé los cuerpos inmóviles sobre el piso.

—Quizás lo intentaron —respondí—. Y murieron antes de conseguirlo.

Amy bajó la mirada. El peso de mis palabras pareció caerle encima. Entonces vi la oportunidad de decir algo que tal vez necesitaba escuchar.

—Por cierto... estuviste muy bien allá afuera —le dije—. Fuiste valiente.

Amy me miró, sorprendida. Por primera vez desde que la había rescatado, sonrió apenas.

—Es solo que... creo que tenías razón. Si esto sigue así, voy a tener que ver cosas parecidas o peores. Supongo que no queda otra que aprender a vivir con ello.

Asentí.

—Me alegra que lo entiendas. Ahora tenemos que apurarnos. Si esos disparos atrajeron a más infectados, pronto tendremos compañía.

No terminé de decirlo cuando la puerta del local se abrió de golpe.

Michael irrumpió gritando:

—¡Tenemos que irnos ahora! ¡Los disparos atrajeron a los infectados y ya vienen en camino!

No hubo discusión. Amy tomó su carro. Yo el mío. Michael nos ayudó a empujarlos mientras yo apuntaba hacia la entrada, lista para disparar si alguno aparecía demasiado cerca.

A lo lejos ya podían oírse los gruñidos. cada vez más, cada vez más cerca.

Michael cargó ambos carros en la camioneta grande y subió junto a Amy. Yo corrí hacia nuestra camioneta, donde Maddie y el pequeño Matt ya me esperaban con los rostros tensos por el miedo.

Encendimos casi al mismo tiempo.

Las dos camionetas salieron de la bencinera y volvieron a la carretera, retomando el rumbo que llevábamos desde antes. Volteando hacia atrás, los caminantes comenzaron a llegar a la zona de la bencinera... lo bueno, esta vez no me encontraba sola afrontando lo que está por venir.

THE WORLD IS DEAD: SAGA (EN REMASTERIZACIÓN)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora