THE WORLD IS DEAD: INFIERNO
CAPITULO 4 "PARTIDA" - parte 3
Narra Amaya
Sentía que por la angustia me faltaba el aire. Inhalo y exhalo con profundidad al ver el vehículo en llamas. Me bajé de inmediato para comprobar lo que estaba sucediendo.
El fuego rugía en medio de la carretera como un monstruo hambriento, iluminando la oscuridad con destellos naranjas y rojos. El calor era insoportable incluso a varios metros de distancia.
Me acerqué, paralizada.
Y entonces los vi.
Cuerpos ardiendo dentro del vehículo.
Maddie.
Matt.
Amy.
Michael.
Todos consumidos por las llamas.
Caí de rodillas.
El llanto me quebró el pecho.
No podía respirar.
No podía pensar.
No podía aceptar lo que tenía enfrente.
Hasta que sentí un dolor desgarrador en el cuello.
Un infectado me había mordido.
Caí al suelo gritando.
Vi llegar más y más, vi manos desgarrándome el abdomen, mis entrañas expuestas y sus bocas arrancándome pedazos de carne sin compasión.
Comprendí, en medio de ese horror absoluto, que estaba perdida.
Un resplandor blanco me golpeó los ojos.
Desperté.
Volví a abrirlos con un jadeo brusco, empapada en sudor.
Seguía dentro de la camioneta. Viva.
Mi respiración era agitada, caótica. Todo había sido una pesadilla, pero la sensación de terror no desapareció.
Miré hacia adelante y la camioneta de Michael ya no estaba allí. Me quedé inmóvil.
Sobre el capó vi un bolso. Fruncí el ceño.
Entonces algo golpeó violentamente mi ventana, un infectado.
Su rostro podrido estaba pegado al vidrio, con la boca abierta, los dientes manchados y los ojos vacíos clavados en mí.
Sin pensarlo, bajé apenas la ventana, saqué la pistola y le disparé en la cabeza.
El cuerpo cayó, pero el estampido fue suficiente.
Ya podía oír a otros acercándose.
Abrí la puerta, bajé de golpe, tomé el bolso que estaba sobre el capó y volví a subir cerrando con fuerza.
Respiré hondo.
A mi alrededor comenzaron a aparecer más siluetas. La carretera se llenaba otra vez.
Giré la llave. Nada.
—No... no, por favor...
Lo intenté una vez más.
Y otra.
Y otra.
Los infectados comenzaban a rodearme.
Golpeaban la carrocería.
Arañaban los costados.
Sus gruñidos crecían como una marea enfermiza.
Seguí intentando hasta que el motor rugió.
—¡Vamos!
Pisé el acelerador.
La camioneta avanzó aplastando varios cuerpos, pero la sangre putrefacta salpicó el parabrisas y me dejó casi sin visión. Apenas veía sombras, formas borrosas, ramas, oscuridad.
Entonces algo apareció frente a mí.
No alcancé a reaccionar.
La camioneta chocó violentamente contra un árbol. Mi cabeza se estrelló contra el volante. Todo dio vueltas.
Apenas consciente, tomé el bolso que me había dejado Michael y salí tambaleándome de la cabina.
La parte delantera del vehículo estaba destrozada, del motor salía humo en grandes bocanadas.
Fui hasta la parte trasera, tomé algunas armas a toda prisa y, al ver que una horda se acercaba desde la carretera, no tuve alternativa.
Corrí hacia el bosque.
Las piernas me pesaban.
El golpe me tenía mareada.
Avancé entre árboles, ramas y hojas secas, trastabillando, oyendo los gruñidos a la distancia y sintiendo que en cualquier momento me desplomaría.
Entonces, detrás de mí, un estruendo sacudió el aire.
La camioneta explotó. Supongo que las granadas ayudaron.
Una columna de fuego y humo se elevó entre los árboles. Seguí corriendo hasta que ya no pude más. Me escondí detrás de un tronco, intentando recuperar el aliento.
Todo me daba vueltas, la cabeza me latía con fuerza.
Y entonces escuché una respiración detrás de mí.
Giré de golpe y levanté la pistola.
Una figura me apuntaba también.
Entre mi visión borrosa distinguí un arma, cabello castaño y unos intensos ojos azules clavados en mí.
Quise decir algo.
Pero el mundo se apagó.
Y caí sobre el suelo cubierto de hojas... desvanecida en medio del bosque.
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THE WORLD IS DEAD: SAGA (EN REMASTERIZACIÓN)
Hayran Kurguex THE WALKING DEAD: SAGA Nadie sabe exactamente cuándo comenzó el fin del mundo. Algunos hablaron de virus. Otros de castigos, conspiraciones o experimentos que se salieron de control. Pero cuando los muertos comenzaron a levantarse, las explicacio...
