Mark es un chico que vive en un pueblo llamado Roverwood. Un día a su amigo Javier le ocurrió algo...
Se comportaba de manera extraña, hablaba con una voz muy apagada y nunca salia de casa.
Un día Javier llamó a Mark. Iba tan rápido que ni siquiera...
-¿Que te pasa? Estás muy raro -Nada, nada. Dijo Javier con la voz suspendida -Si no te pasa nada ¿Porque hablas así? Respondí yo con un poco de frustración en el tono. -Ven a mi casa. -¿Que? Colgó la llamada, inspire hondo y maldije a Javier por un tiempo luego se lo dije a mi madre, puesto que así me despejaría. -¡Mamá! -¿Si? Respondió mi madre desde arriba. -Voy a casa de Javi. Respondí yo.
Tenía ganas de verle, estaba ansioso por preguntarle qué le pasaba. Javi era una persona algo extraña. Casi todos aquí son algo extraños.
Cuando llegamos aquí mi madre y yo,nos recibieron muy cordialmente, nos dijeron lo que podíamos encontrar por allí, las fiestas y otras cosas. En el colegio Javier fue el primero que me habló, lo que no entiendo es el porque hable yo con él. Siempre estaba solo y nadie le hablaba.
Mientras llegaba a casa de Javier me percate de algo. Algo que no había visto antes por estar pensando. El suelo tenía gotas negras y espesas que dirigían hasta casa de Javier y además no había nadie en la calle. Antes de llamar a la puerta me di cuenta de que estaba abierta. Cuando entre Javier me observava con una mirada vacia, le rodeaba una nube oscura. -Ah, ya has llegado- Dijo el con una voz muerta -No te preocupes por ellos- Me dijo al ver que miraba a sus padre, tirados en el suelo y rodeados de un charco de sangre negruzca y espesa -Estan bien.¿Que tal si te unes a ellos? La puerta a mi espalda se cerró de un portazo, dejándome sin escapatoria.
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Javier cogió el cuchillo que tenía clavado su padre en la espalda y me dijo -Unete a nosotros, a la oscuridad- Dijo, mientras que yo veía a sus padres levantarse y acercarse, eran como marionetas, las mantenía esa oscuridad extraña, pero yo sabía que estaban muertos. Se estaban acercando y yo no tenía escapatoria. Empecé a tirar de el pomo con fuerza con la esperanza de que se abriese.